¡Hola atod@s!
En mis cuarenta años como profesor de esquí siempre he compartido el sufrimiento de la mayoría de mis nuevos alumnos per la falta de equipamiento adecuado.
La ropa o los equis pueden ser grandes para vuestra talla, pero las botas NUNCA.
La mejor inversión que un esquiador debe realizar en su equipo personal son las botas. Insisto: si un esquiador, en su iniciación, pudiera equiparse desde el primer momento con unas botas técnicas y adecuadas, su aprendizaje sería mucho más rápido. Una bota técnica tiene los elementos necesarios para corregir angulaciones frontales o laterales (en el caso de deformaciones plantares) y también suaviza la dureza de la flexión.
La comunicación de nuestro cuerpo con las tablas de esquí se realiza a través de las botas, y si estas son de baja calidad o de un tamaño incorrecto, el progreso será muy dificultoso y largo.
La bota de esquí dispone de una caña alta que nos obliga a mantener una postura flexionada, pero si esta es grande, provocará el desplazamiento del pie hacia adelante y una inclinación del cuerpo hacia detrás. Si la holgura es lateral se perderá la movilidad de flexión de las rodillas vital para la toma de cantos. En los dos casos, la postura es incorrecta.
Cada fabricante de botas suele estar especializado en un tipo de pie (los hay estrechos, anchos, de puente alto, etc.), así que deberemos indicarle al proveedor qué tipo de pie es el nuestro para que nos ofrezca la marca y el modelo adecuados.
La bota tiene que quedar completamente ajustada, sin holgura y sin ningún tipo de molestia o dolor, por ello debemos probarnos el botín desmontado de la carcasa.
La incomodidad de los vendedores de tener que sacar el botín de la carcasa provoca que acabemos adquiriendo un número de bota incorrecto.
¡Ojo! Las probaremos con calcetines de ejecutivo (finos), que serán con los que esquiaremos, nunca gruesos, pues perderíamos las cualidades térmicas del botín: lo que calienta es el botín, no el calcetín.
Para cerrar las botas debemos sentarnos algo bajos, para que la pierna quede inclinada como la caña de la bota.
Una vez situada la lengüeta del botín correctamente, cerraremos la bota apretado el cangrejo más bajo de la caña, luego los que ajustan el pie y más tarde los últimos de la caña. Todos estos ajustes han de transmitir una sensación de seguridad, de bloqueo sin holguras y comodidad.
Si tienes que dar un golpe con el tacón para ajustarlas es que os vienen grandes.
Una bota de esquí correcta para nuestro tipo de pie no debería molestarnos en ningún momento. La acción de tener que aflojar algún cangrejo para andar o descansar en el telesilla es un signo evidente de estar calzado inadecuadamente.
En resumen, en un pie sano, unas botas de esquí pueden provocarnos tres sensaciones:
- Compresión excesiva. Las extremidades sufrirán molestia o incluso dolor. En el argot de esquí se conoce como bota malaya (un método de tortura asiático).
- Holgura. El pie se moverá en su interior hacia delante y hacia atrás, evitando la posición correcta. Además, la uña pulgar del pie puede llegar a saltar por el constante golpeteo contra la parte delantera de la bota. Apretarnos el primer cangrejo de la caña tampoco es solución pues acabará doliéndonos esa zona enormemente. Recordemos que la holgura es la responsable de una posición de atraso corporal por perderse el ángulo de la bota.
- Ajuste total sin molestias. La presión se reparte por igual tanto en el pie como en el empeine, sin centrarse en ningún otro punto en particular, a pesar de la compresión prudente de los cangrejo
NOTA: Las botas son de plástico y a partir de los 10 años se descompone el material, por muy buenas que sean, dejándonos tirados en cualquier descenso.
* Una bota técnica tiene los elementos necesarios para corregir angulaciones frontales o laterales (en el caso de deformaciones plantares) y tambien la dureza de la flexión.
Buena y feliz esquiada, de los pies a la cabeza.
Manolo Ambou Terrádez









