miércoles, 30 de enero de 2013

LAS PINTURAS RUPESTRES DE DOS AGUAS


EL SUEÑO DE UN MUCHACHO

   El arte rupestre levantino, a diferencia del arte hispano-aquitano de gran belleza y que solo se encuentra en lugares recónditos en las grutas,  lo vemos representado al aire libre, en oquedades protegidas mirando al sur, al medio día.
   Otra de las diferencias que caracterizan estos estilos artísticos es su forma de representar a los animales o a los seres humanos. El hispano-aquitano lo hace en posturas estáticas, pero el levantino está lleno de vida, de movimiento, mostrando magistralmente escenas de caza, recolecciones o enfrentamientos guerreros.
   Las pinturas en La Canal de Dos Aguas en Valencia habían sido descubiertas en 1940 por dos maestras: María y Rosario Gimeno y además, el 18 de Octubre se realizaron los calcos de las pinturas por  los arqueólogos Senent, Espí, Choconeli y un gran amigo del mi padre, el Doctor Alcacer.
Pilar Álvarez y Willi Kirch en pleno trabajo fotográfico en los años setenta.

MI DECEPCIÓN
   Aquel hallazgo se tenía en secreto en el pueblo, solo lo conocían muy pocas personas, seguramente a la espera de que se las protegiera.
   Por ello, aún desconocía la presencia de estos abrigos. Nadie me había informado.
   Pero ciertos hechos me mantuvieron intrigado durante algún tiempo.
   En mis vacaciones de verano, cada vez que pateaba el valle de La Canal, en mis intentos por observar las Cabras hispánicas, o visitando la Cueva de las Maravillas, de nuevo recordaba aquello que me contó Don Pascual, un maestro.
   -- Manuel: En el Cañón del Júcar siempre ha existido cabra hispánica sin necesidad de repoblarla, debido a su agreste geografía.
 En aquella época, seguramente, la climatología debió ser menos seca, y dispondría de un paisaje más forestal, más húmedo, con prados en sus claros, donde los ciervos y posiblemente otros ungulados serían presas para los pobladores de aquel territorio.
Ciervo que da nombre al abrigo.
   
 Durante esos años, había visitado  la cueva de Las Maravillas junto con algunos amigos. Se encontraba en la margen derecha de la rambla de la Canal, justo enfrente y a poca distancia de los abrigos del barranco de las Letras, y evidentemente, en su interior encontramos restos de anteriores civilizaciones cavernícolas. Por ello, estaba cada vez más convencido, que en algún abrigo de la zona debería existir pinturas rupestres, que evocaran las hazañas de aquellos antiguos cazadores, o los signos y dibujos de magia que les favorecieran en  la caza. Era una cultura típica del levante Mediterráneo.
Abrigo del Ciervo: conjunto principal.
   
Así que, cuando cayó en mis manos un plano militar del lugar y leí: Barranco de las Letras, traté de comprender el motivo por el que se le había denominado de esa forma.
   --  ¿Que letras?
   --  ¿Por qué le habían puesto "de las Letras"?
   --  En el monte no hay letras.
   --  ¿Desde cuando llevaba aquel barranco ese nombre?
  --  ¿Conocían las letras los que lo denominaron de aquella forma?
   --  Lo más probable debió ser que los que le llamaron así no supieran leer ni escribir y confundieron las pinturas esquemáticas con escritura. Cabía esa posibilidad.
   Con estas preguntas saqué una conclusión: en aquel lugar debía existir, algún abrigo donde, probablemente, se realizaron rituales de caza, y esos dibujos, quizá solo trazos, les confundieran y por ello este nombre tan descriptivo “de Las Letras”.
   Y el hombre vivió allí mismo, enfrente.
   ¡Claro!
Abrigo del Ciervo: busto de mujer.
   
Así que ese año esperé con ilusión que llegaran las primeras vacaciones en la escuela, para poder visitar aquel interesante lugar.
Pero, una vez en Dos Aguas, cuando hablé de ello con un erudito restaurador del pueblo, parte de mis ilusiones se derrumbaron; ya se habían descubierto.
   ¡Que cerca estuve de ello!
  Bueno: la ilusión de un jovencito.
 Me hubiera gustado haber participado en contribuir un poco a nuestra historia. Aquello solo quedó con la suerte de poderlas visitar, en aceptables condiciones y de tu a tu, sin verja alguna ¡Que ya es suerte!
Abrigo del Ciervo: cazando una cabra.

   La luz de la madrugada aún era incipiente cuando descendía por los bancales morunos que rodeaban a Dos Aguas, repletos de algarrobos, almendros chumberas y piteras hasta alcanzar el barranco de la Umbría que acompañé corto trecho y pronto ascendí por un camino que con buena pendiente y rodeando el pico del mismo nombre, me dejó en un alto y solitario valle, a unos quinientos metros sobre el nivel del mar, la Canal, encarada al Levante, cultivada con algunos campos de almendros, viñas y olivos.
   Ahora descendía por la rambla hasta alcanzar a mi izquierda el Barranco de las Letras, que viene por la pendiente de los montes de la Rápita, enfrente de donde estaba situada  la Cueva de las Maravillas.
   Ascendí por la ladera que miraba a Levante cosa de un kilómetro buscando unas pequeñas paredes de roca que me parecían los tan ansiados Abrigos.
   Con una suave trepa por la roca me encontré con la primera vauma. Al levantar la cabeza quedé impactado. Ante mí, un enorme ciervo, galopaba en la roca, escapaba. Era sensacional.
   Durante algunos minutos quedé embobado ante la dinámica de aquella representación de una suave coloración rojiza, algo deteriorada por los elementos, pero aun se apreciaba perfectamente. Era simple, ingenua, perfecta, iluminada por la luz mediterránea.
Abrigo del Ciervo: cabra herida.
   Allí cerca, un grupo de pinturas representaban una escena de caza. Una cabra hispánica con flechas clavadas estaba rodeada de tres cazadores con arcos.
  Me estaba emocionando. Aquellos supuestos sueños ahora los tenía delante, representados magníficamente por unos desconocidos y ancestrales artistas, que las habían pintado, aproximadamente desde los 10.000 años antes de Cristo.
   Otro conjunto de pinturas apareció ante mí. Eran magníficas, especialmente por las figuras excelentes de dos arqueros. Por debajo encontré un diminuto busto femenino con rasgos de sorprendente belleza.
   A la izquierda de ellos se apreciaba un grupo de cazadores de un tamaño menor.
Abrigo del Ciervo: mujer danzando.
Esta fotografía se realizó en 1989
 y podemos apreciar la desaparición
 de las compañeras de danza.

    En la parte inferior estaba representada una trampa con finos trazos, a su derecha
una esquemática escena de recolección de miel con sus abejas y avispas y unas mujeres danzando.
   Algunos desconchados y también la mano del hombre habían hecho estragos en algunas zonas de la pared, destrozando en parte o completamente algunos grupos pictóricos.  
Los dos arqueros del Abrigo del Ciervo y el busto de la mujer.
   Seguí el estrato de roca ladera arriba unos doscientos metros, hasta alcanzar otra pared con  nuevas oquedades más pequeñas. Se trataba del Abrigo de la Pareja. En ella pude apreciar a un arquero y una mujer con vestido de tejido largo andando, muy decolorada.
   El siguiente abrigo se encontraba algo más lejos, a unos cuatro kilómetros aguas a bajo. 
El autor acompaña al fotógrafo alemán Willi Kirgch
Seguí la rambla hasta alcanzar la Casa de Cifre y descendí por el barranco de Faló y proseguí por él.
   Pronto, en una revuelta, encontré la enorme entrada a la cueva de la Cocina, la vivienda por excelencia encarada al Sureste.
  En ella se estaban realizando campañas de excavaciones por el Dr. Pericot. Se trataba de una de las estaciones más importantes de la península para el estudio del Mesolítico y comienzos del Neolítico.
  Seguí por el barranco aguas a bajo que rehacía ahora más tortuoso, conforme se acercaba al apunto de su salto a las profundidades del cañón del Júcar.
  En la margen derecha, ya casi al final del barranco, en una cornisa soleada, encontré el abrigo de aquel cinto, del Cinto de la Ventana.
   Algo más adelante, un orificio abierto en la roca por la erosión daba nombre a aquel lugar.
Arquero corriendo Abrigo Cinto de la Ventana
  
Las oquedades eran mucho más pequeñas que la del Ciervo y sentado en la roca contemplé las pinturas. Parecían recién hechas, los trazos brillaban aún, estaban mucho más protegidas, también más escondidas.
  
 El conjunto era muy diferente, más escaso, con algunas pinturas esquemáticas de color bermellón.
  También pude observar alguna representación de cabras y figuras humanas, mejor representado en el arquero que corre.
   Este fue el arte rupestre con expresiones naturistas que por primera vez me encontré de muchacho, en la montaña.

NOTA: Por desgracia y conforme han pasado los años, algunas de estas pinturas se han desconchado por la erosión o han sufrido agresiones humanas. Las verjas se instalaron muy tarde, y no se tuvo en cuenta algunas filtraciones de agua que llegan a las pinturas.
Las  fotografías están tomadas muchos años después de mi primera visita, cuando pude disponer de cámara fotográfica. Siento no poderlas mostrar como las conocí en el año 1957.

Todas las fotografías son del autor.

Manolo Ambou Terradez 

2 comentarios:

  1. POR DESGRACIA Y PORQUE LAS ADMINISTRACIONES DEL ESTADO, CON RESPECTO A NUESTRA HISTORIA, PARECE SER QUE NO TIENEN LA SUFICIENTE AYUDA ECONOMICA QUE LAS CONSERVEN EN BUEN ESTADO.( ESPERSREMOS A QUE DISPONGAN DE MAS PARTIDAS PARA ELLO ) Y VEREMOS LO QUE NOS " QUEDA "

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  2. Mi cuñado y yo(sobre todo él) hemos recorrido numerosos abrigos de la comarca pensando que en alguno podíamos encontrar alguna pintura, de momento no ha habido suerte pero quien sabe, quizás algún día tengamos esa suerte y que además estén en buenas condiciones.
    Un saludo

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