martes, 1 de septiembre de 2015

"EL CAPI"

“CARLANGAS"  
"EL CAPI”

   A lo largo de mi vida, repleta de aventuras, conocí a un personaje muy especial, quizás un poco tarde. 
   Carlos Durán era inquieto como yo, polémico para muchos, pero con el que me sentía seguro para abordar cualquier andanza, por arriesgada que fuera, pues nuestras ondas coincidían.
   Teníamos la misma forma de encauzar nuestros proyectos y nos complementábamos en conocimientos, con resultados, algunas veces arriesgados, pero siempre exitosos,  que nos llenaron de orgullo.

   Nos gustaba la aventura COMPLETA. Si completa con mayúsculas, y podíamos hacerlo; me explico.
   Cuando decidíamos descender por un río con cayac, nosotros nos fabricamos las embarcaciones, remos y chalecos.
   Cuando deseamos navegar en windsurf a vela por el Mediterráneo, al inicio de este deporte, comenzábamos la aventura construyéndonoslos de fibra de vidrio y poliéster.
   De igual forma, si hubiéramos proyectado dar la vuelta al Mundo en velero, lo hubiéramos resuelto, pues  entre los dos disponíamos de suficientes conocimientos y habilidades para lograrlo. Eso si, nos faltaba el dinero.
   Esa era su filosofía y la mía, claro, por eso lo del tándem.

   Capaz con todo aquello que se le ponía por delante.
   Buen atleta, de pensamiento rápido, muy calculador, excelentes reflejos y de gustos arriesgados pero siempre muy bien estudiados. Por ello, ninguno de los que lo tratábamos, hemos llegado a asimilar su fatal accidente en su conocidísima toma de tierra.

CARLANGAS
   Para los que lo conocíais solo como “EL CAPI” en Castejón de Sos, os diré que tenía otro alias en su tierra, Valencia, donde se le conocía como “CARLANGAS”.
 Era artista fallero y sus aficiones se decantaron por las carreras con patines sobre ruedas, lo que le facilitó enormemente adaptarse al esquí alpino,escalada,  también fue patrón de yate para navegar profesionalmente con veleros y pasó por todas las modalidades de surf ( En su casa encontramos cinco tablas hechas por él y rollos de tela para velas).
   También era muy aficionado al ciclismo y por ello llegó a construirse los cuadros y cascos de fibra de carbono, que luego decoraba con geniales pinturas, como buen artista que era.
   Yo tuve el honor de enseñarle una de sus grandes aficiones, el esquí alpino.    Fue el mejor alumno que pasó por mis manos en mi largo periplo como profesor (40 años). En solo dos años alcanzó mi nivel y conseguí así que entrara en la Escuela Española al tercer año de su inicio. Disponía de una capacidad extraordinaria para comprender y desarrollar toda su compleja técnica.
   Así que me ayudó a formar la escuela de club más grande que pudimos ver en las estaciones de los Alpes. El Club Esquí Valencia, llegó a alcanzar los 53 monitores activos. El éxito fue total.

   Pero yo le debo la ayuda, solución y colaboración, en los años ochenta, en uno de mis proyectos más complejos y delicados, al  pretender estudiar, por primera vez, a unas águilas perdicera "CITA EN LA ROCA", montando un hide (escondite) a solo 7 m de su nido, sin molestia para las rapaces, que causó gran sorpresa y admiración en este mundo de la fotografía de naturaleza.

HOMENAJE
   El sábado 29 de Agosto, en el aniversario de su muerte, su familia, sus amigos y conocidos le rendimos un homenaje, colocando una placa con su “alias” para su recuerdo sobre la fuente que él mismo descubrió, allí arriba, a 2300 metros, junto a Liri, uno de los puntos de despegue de los parapentes, sobre aquel extraordinario y agraciado lugar de vuelo, muy cerca de la cumbre del Gallinero.



 Jose Luis Durán termina de instalar la placa que da nombre a su fuente.


 Quim se prepara para saltar con las cenizas del Capi, su compañero de vuelos. 










Su gran amigo Quim, con el parapente del “Capi”, partió el primero al vacío, seguido de un buen grupo de compañeros, ante el aplauso de los demás. Portaban sus cenizas para lanzarlas al viento, donde él siempre volaba. 




   En unos minutos el cielo se llenó de color.
   Quim lanzó las cenizas y pronto subieron con aquellas térmicas que tantas veces lo elevaron, por aquel magnífico paisaje. Fue muy emotivo.

   Tomás y Quim, dos de sus buenos amigos, me contaban más tarde, que él no necesitaba despegar desde tan alto. Acostumbraba a partir de niveles inferiores y pronto ascendía para unirse con los  demás. Era un excelente piloto.

 NOTA:
   A pesar de su carácter fuerte y polémico, siempre nos respetamos mutuamente.
Siento, que por circunstancias, no me haya podido enseñar a volar como las águilas, como todas esas rapaces que he observado tantos años de mi vida con gran admiración, muerto de envidia.
   Jamás lo olvidaré. ¡FELIZ VUELO!


Fotos y vídeo de Paco Someso y del autor.

Manolo Ambou Terradez








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