lunes, 1 de enero de 2018

GARZAS DE LA ALBUFERA EN VALENCIA

ARPONERAS DE LA ALBUFERA

Cuando oteamos con nuestros prismáticos, o mejor aún, con un telescopio terrestre los márgenes de la Albufera o los propios arrozales  muy pronto descubriremos serie de aves de esbelto porte, que con sutiles movimientos cazan y pescan con extraordinaria eficiencia arponeando a sus presas. Son las garzas, la familia de las Ardeidae.

Como ocurre frecuentemente en algunas de las aves algunas tienen hábitos nocturnos, lo que las hace más difícil de descubrir, pero con un poco de suerte un buen  número de las diurnas  nos regalarán estupendos ratos de observación que nunca olvidaremos.

Estas eficaces y terribles depredadoras buscan en el agua, en las ciénagas de los humedales y campos, o también en los terrenos recién labrados, cualquier animal que puedan tragar: peces, anfibios y reptiles que logren atrapar, completan su dieta con pequeños mamíferos, pequeñas aves, crustáceos, moluscos, insectos y lombrices.
Son excelentes controladoras del cangrejo americano que perforan los márgenes de los arrozales, causando hundimiento en los caminos agrícolas, o de aquellos peces que atrevidamente penetran en los arrozales y desenraízan las jóvenes plantas.
Algunas inteligentemente se posan sobre los soportes de las redes de pesca para arponear los peces que tropiezan con ellas, facilitando su alcance.



También aprovechan los momentos de fangueo en los campos de arroz para atrapar todo aquel ser vivo que destapen los tractores.

Si empezamos por las de costumbres diurnas, tendremos que nombrar a la más grande: la Garza real (Ardea cinerea), que con pose escultural pronto la localizaremos en las orillas de las acequias, cañaverales, humedales o sobre posaderos protegidos por el agua.
Conuna longitud del pico a la cola de casi 100 cm. y una envergadura de 170 cm. y con su vuelo pausado, alas arqueadas, patas estiradas y su cuello recogido, la convierten en un ave impresionante.



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Continuaremos con la Garceta grande (Egretta alba), poco abundante, pero muy fácil de distinguir por su color blanco y gran tamaño, casi como la real, y poco confundible con con la Garceta común de menor tamaño y pico y patas oscuras .
Su longitud es de unos 100 cm. y una envergadura de 170 cm.
Es bastante esquiva como la imperial, y por ello le gusta también los espacios abiertos.

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Le sigue la Garza imperial (Ardea purpurea), más difícil de encontrar al no ser tan abundante.
Tiene una longitud de 90 cm. y una envergadura de 140 cm. y en vuelo podríamos confundirla con la real al ser más oscura.
Siempre la he encontrado en espacios abiertos, entre las matas de arroz, posiblemente por que entre los cañares pasa más desapercibida.



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La Garza común (Egretta garzetta) seguiría por este orden de tamaño en las diurnas.
Con una longitud de 65 cm. y una envergadura de unos 95 cm. pronto resalta entre otras aves que rondan el humedal por su inmaculada blancura que contrasta con su pico y patas negras. Su esbeltez la destaca entre las concentraciones de gaviotas, también blancas, tras los tractores que fanguean.





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Así que ahora veremos, la Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) parecida a la anterior, algo más rechoncha, de cuello menos esbelto con pico y patas coloreadas al igual que el píleo (parte superior de la cabeza) pecho y manto, que toman un tono dorado anaranjado en época de cría y la distingue de la Garceta común. Fuera de la Albufera suele ir al lomo del ganado mientras pastan esperando que estos levanten los insectos.
Su longitud es de unos 50 cm. y 95 cm. de envergadura.


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Esta será la última, la Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), la más pequeña de las diurnas, con 47 cm. de longitud y 90 cm. de envergadura. En época reproductor su pico queda azulado, graciosas plumas alargadas en la nuca y adquiere su manto un hermoso ocre dorado. Fuera de esa época pierde las plumas de la nuca, su pico tomará un tono amarillo verdoso al igual que las patas y todo su cuerpo adquiere un tono pardusco a rayas, especialmente el cuello, lo que le facilitará un enorme mimetismo entre la vegetación. Tiene costumbres más bien solitarias.


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Ahora nombraremos las tres aves con hábitos crepusculares y nocturnos. Comenzaremos por la menor.

Se trata del Avetorillo común (Ixobrychus minutus), de solo 38 cm. de longitud y 58 de envergadura. Es la más pequeña de todas las ardeas de la Albufera. Muy difícil de ver por su gran camuflaje y su inmovilidad entre la vegetación palustre.










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Ahora continuamos con el Martinete (Nycticorax nycticorax) de 65 cm. de longitud y 112 cm. de envergadura, con hábitos nocturnos, solo los podremos descubrirlos en momentos crepusculares. Su cuerpo ovalado y de color gris, luce su píleo y manto negro, donde se contrastan algunas plumas blancas que le cuelgan de la cabeza de forma elegante en su época de reproducción. Sus patas tienen un color rosado fuerte que adquirirán un tono amarillento al terminar su época de reproducción.


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Pero solo nos queda una, la más difícil de descubrir, yo aún no la he conseguido, solo he tenido oportunidad de escuchar muy cerca de mí, y me saltaba el corazón.

Se trata del Avetoro común (Botaurus stellaris).
De librea y costumbres similares al Avetorillo común juvenil, pero le diferencia su mayor tamaño. Sus medidad son: longitud 75 cm. y envergadura 125 cm.
El reclamo es un sonido muy grave cada dos segundos y si nos  encontramos cerca apreciaremos también sus inspiraciones. La guía Jonsson lo describe muy acertadamente: "recuerda al que conseguiremos soplando por la boca de una botella vacía".
Normalmente se encuentra sumergido en la espesura de los cañares y carrizos y cuando se siente acechada, estira el cuello y la cabeza y perfectamente camuflada con la vegetación.
En una de mis pacientes acechos, llegué a tenerla tan cerca que escuchaba el sonido de sus inspiraciones y el profundo y repetitivo reclamo. Pero por más que esperé no conseguí verla.
Esta foto que muestro fue realizada a distancia, navegando por el lago. Regresamos para repetirla a conciencia pero había desaparecido. Aún sigo sin saber a ciencia cierta si se trata de un Avetorillo o la mítica Avetoro. La postura que adoptó fue la clásica de camuflaje para estas dos escurridizas aves.
Algún día y con mucha suerte espero poderos mostrar esta misteriosa y singular garza para nuestro regocijo.

Fotos del autor.

Manolo Ambou Terradez
                                     

                                




4 comentarios:

  1. Muy bien Manolo. Así se empieza el año.
    Muy bueno el reportaje.

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  2. Hola Manolo,
    no sabia que la zona de Albufera tiene tanto variedad de aves.
    Saludos y un buen Año Nuevo!
    Willi Kirch

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  3. Espectacular reportaje, Manolo. Gracias por compartirlo !!!. Hace casi dos años estuve pajareándo por allí con veteranos ornitólogos madrileños. Nos acompañó Toni Alcocer. Me sorprendieron las garzas y la cantidad de moritos y gaviotas. Mucha biomasa pero quizá poca diversidad, quizá el arrozal ha permitido mayor biomasa, pero ha simplificado el ecosistema. Diana, mi profesora de yoga, me ha comentado la gran pasión que tienes por las aves.

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  4. Hola Willi: En la Albufera de Valencia se registran más de 300 especies de aves, ya que se pueden ver las migratorias y las residentes, pues es una estación para sus migraciones. Un abrazo.

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