viernes, 17 de junio de 2011

EL TORCECUELLO (Jynx torquilla)


UN AVE DIURNA DISCRETA

El Torcecuellos (Jynx torquilla) es una de esas aves discretas  que nos cuesta descubrir. Solo el repetitivo y potente canto nos puede alertar de su presencia. Pero verlo, lo que se dice verlo, es otra cosa.
Pertenece a ese pequeño grupo de aves con perfecto camuflaje, como el autillo y el mimético Chotacabras. Si no se movieran, sería casi imposible descubrirlo entre las protuberancias de alguna rama seca del viejo árbol.

Lo conocí por casualidad, un caluroso día de Junio, cuando escondido en el haid de tela,  sacaba fotos a una pareja de Carboneros, anidados en el orificio de un viejo algarrobo, escuché tras de mi unos sonidos quejosos que yo no había oído nunca.
Me di la vuelta, y por otra ventanilla, intenté descubrir de donde procedían y quien los emitía.
Transcurrieron unos veinte minutos, cuando nuevamente los escuché. Procedían de otro algarrobo, pero no conseguí descubrir al animal.
Ahora puse toda mi atención en vigilar los alrededores del gran árbol y al fin lo descubrí.
De lejos, parecía, por su tamaño y librea, un gorrión, algo más grande, pero un poco diferente, así que como no lo conocía, estudié un plan de aproximación.
Era muy sencillo. Desde dentro de esta especie de tienda camuflada solté las cuatro piquetas y poco a poco, aprovechando los silencios, fui acercándome al lugar donde procedían aquellos desconocidos sonidos.
Solo esperaba, que en la zona, no me estuviera observando algún paseante o campesino, pues se hubiera asustado al ver moverse el supuesto matorral, o como mínimo, se hubiera extrañado; a mi me daba la risa.
En el tiempo que aquella ave repitió sus quehaceres, tres o cuatro veces, yo me había situado unos cinco os seis metros frente a un orificio, bajo la fronda del algarrobo, donde suponía se encontraba el nido del ave, para mí desconocida.

Pronto se repitieron los lamentos y entonces descubrí la cabeza de un pájaro que reclamaba comida.
 Seguramente había escuchado o visto a alguno de sus progenitores, que sigilosamente parecía acercarse al orificio, pero no lo encontraba.
Aquella cría no dejaba de protestar y solo paraba para sacar una larga y rápida lengua, con la que atrapaba algunas hormigas que merodeaban por la entrada al nido.
De pronto, y con un ligero batir de alas, apareció ante mí aquella especie, que aún no conocía.
Se había posado en la entrada del nido, como lo hacen los carpinteros, con tres puntos de apoyo: las dos patas y también su cola; su tercera pata.



El pico lo traía semiabierto, repleto de larvas de hormiga, que de inmediato las depositó en la garganta  de aquel hambriento pollo.
No era un ave con espectacular colorido, pero su librea, vista de cerca, era preciosa.
Saque algunas diapositivas en la sombra, con el temor que la velocidad de obturación no hubiera sido suficiente para detener los movimientos del ave.
Horas después, retiraba el hide, de la misma forma que lo llevé hasta allí, y ahora más lejos, lo desmonté rápidamente y con el bagaje a la espalda regresé contento hasta mi casa, esperando encontrar esa especie en la guía de campo y poderlo clasificar.
No había duda, era un Torcecuellos. Una especie cercana a los pájaros carpinteros por su morfología y sistema de alimentación.
Su fino pico, no era capaz de perforar la madera para confeccionar sus nidos como lo hacen la familia de los picos, pero esta especie, aprovecha los orificios naturales de los árboles, o los nidos abandonados de carpinteros.
Pero descubrí algo que me llamó la atención: porqué le llamaban de esa forma “Torcecuello”.
Resulta, que cuando se ven en peligro, especialmente cuando incuban, se estiran y inician un movimientos de vaivén y contorneos, semejantes a una víbora, lo cual suele ahuyentar al más pintado depredador.
Posteriormente, he tenido la ocasión de observarlos más veces, y en sus cortejos, también adquieren esa postura y realizan esa especie de danza con sus extraños contorneos. 
¡¡Son geniales!!

(Vídeo del autor)




Manolo Ambou Terradez

3 comentarios:

  1. Manolo eres una maquina, no paras, nos vas ha hacer estudiar biología. Un buen articulo de una ave no muy conocida. Saludos Rafa.

    ResponderEliminar
  2. Impresionante la capacidad de mimetismo del torcecuellos, como impresionante lo es el trabajo y el detalle de este reportaje. Claro, que para ello es imprescindible conocer bien la especie, como tú la conoces. Enhorabuena manolo.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Carolina Van den Eynde28 de junio de 2011, 4:56

    Tus reportajes son realmente preciosos. Son una verdadera maravilla.

    Te comparo con Felix Rodriguez de la Fuente. Además, hablas igual que el, con el mismo entusiasmo.

    No me extrañaria mucho de que pronto te veremos en la tele.

    ResponderEliminar