miércoles, 26 de febrero de 2014

QUEBRANTAHUESOS (Gypaetus barbatus)



   
   EXTRAÑO BUITRE
    El viento sopla en el Pirineo. Una sombra enorme me advierte del paso de una gran ave sobre mi cabeza. Me he detenido bruscamente ante esta silueta fantasmagórica de casi tres metros.  Alzo la mirada y descubro a la gran rapaz de finas alas que vuela lentamente muy cerca del suelo. He quedado muy sorprendido y  ahora se de quien se trata, es el Quebrantahuesos, una especie poco numerosa en Europa occidental.
   


  Perfectamente expresado con su nombre genérico, este hermoso buitre se encuentra al final de la cadena trófica, es el último eslabón, el especialista en alimentarse de los restos que los demás carroñeros no pueden digerir, los huesos.
   
Si, he dicho bien, los hueso; si son medianos se los traga y si son más grandes con contenido medular, se los llevará sujetos con sus garras a los “rompederos” o “quebraderos” utilizando la técnica del bombardeo: lanzarlos desde lo alto para destrozarlos sobre las rocas. Ahora, desmenuzados, podrá tragarlos  y aprovechar de esta forma el tuétano del interior de estos huesos de caña, o el cerebro de algún cráneo que pueda trasportar.
   
Es francamente admirable como es capaz de calcular con precisión los vientos que puedan desviar la trayectoria del hueso en su caída desde la altura elegida por el ave, que puede variar desde un par de decenas de metros hasta alcanzar niveles superiores, pudiendo llegar hasta más de un centenar sin perder puntería.
   
Es impresionante ver como se traga los enormes huesos como esta pata de cordero.
    Los rompederos, que solo tienen unos pocos metros, suelen estar en pendientes para facilitarles su despegue.
    Su alimentación no se limita exclusivamente a tragar huesos de los cadáveres que despreciaron los carnívoros u otros buitres especializados solo en partes blandas, ellos también patrullan a baja altura por las laderas buscando algún cadáver que las nieves dejaron oculto tras los temporales en la alta montaña.    Aquellos aludes que despeñaron a algún ungulado, o las bajas de las aves en sus migraciones en su intento por superar las altas sierras, donde alguna tormenta pudo sorprenderles.
    
Cuando los huesos no los puede tragar los estrellará en el rompedero para dejarlos más pequeños.
  Restos de carne adherido a los huesos, tendones, pellejos y huesos componen su alimentación. Impresionante el poder digestivo de estos carroñeros, no dejan casi nada para regurgitar en sus egagrópilas, como hacen otras rapaces, solo pelos, plumas y pezuñas. Casi todo desaparece ante sus potentes jugos gástricos, estén locas o no las vacas. Estas aves, como todas las carroñeras se “inventaron” para destruir los cadáveres sin dejar rastro de ellos ni de sus enfermedades, hasta los huesos. 
 Normalmente tan singulares aves solemos divisarlas solo mientras vuelan.  Podremos  distinguirlas del resto de grandes rapaces por su agudas extremidades, siempre que podamos distinguir su aguda cola romboide, diferente de las demás.
    Pero si tuviéramos la suerte de observarlas de cerca o posadas, podríamos disfrutar de su hermoso plumaje.
  
  Con una envergadura de unos 2,70 m, ligeramente inferior al buitre común o al negro y un peso de solo 7 kg  le dan una cualidad para el vuelo algo diferente a estos, al ser capaz de hacerlo sin necesidad de viento o térmicas con gran facilidad. También dispone de habilidad para molestar y llegarle a quitar en vuelo la presa al águila real.
   
Ejenplar inmaduro
  La parte dorsal, alas y cola son negras, pero cada una de las plumas disponen de una línea blanca que le da cierto brillo muy particular.
    Pero el cuello, su pecho y vientre, con un amarillo variable llega a ser intenso en algunos ejemplares, lo que le dan un aspecto tan singular entre estos grandes buitres. Algunos expertos acusan este fuerte color herrumbroso a sus baños en aguas ferruginosas. Podría ser, lo cierto es que se pueden observar coloraciones diversas en individuos ya adultos casi blancos.
    Las patas, completamente plumadas, disponen de unas garras no muy grandes, pero especializadas para trasportar los huesos de los que se alimentan.
    La cabeza, mas bien blanca, termina en un pico ganchudo. Pero su faz está cruzada por una mancha negra alargada hasta la base córnea  del pico, para prolongarse con sus cerdas, del mismo color, a modo de barba; ¡¡Espectacular!!
   
Su amplia y larga cola lo capacita para realizar quiebros impensables en un ave de este tamaño
  Y si todo ello no fuera suficientemente llamativo, sus ojos amarillos, situados dentro de esta banda negra, quedan rodeados por la esclerótica de color púrpura; Francamente hermosos.
    Los jóvenes parten de una tonalidad oscura que irán mudando poco a poco hacia el amarillo, para alcanzar la máxima belleza a los 7 años.
   
   La puesta es de dos huevos que eclosionarán a los 58 días el primero y dos o tres días después el segundo. Pero todo está previsto, solo progresará uno de ellos que atendido por sus progenitores, lo mantendrán en el nido durante cuatro meses.
    Aprendizajes de vuelo, selección de alimento, su localización y prácticas de lanzamiento de huesos y otros objetos lo dejarán preparado para seguir su nueva vida separado de sus progenitores a la entrada del otoño.
    Extraordinaria ave de formidable porte que luce los paisajes más agrestes de algunas sierras; No os lo perdáis.

Fotos del autor.

    MANOLO AMBOU TERRADEZ



3 comentarios:

  1. Manolo cada día me sorprendes más con tus fotografías, dede luego las que has logrado del quebrantahuesos son espectaculares cuando esta en vuelo y muy descriptivas cuando reposa y se alimenta. Sigue así y haber cuando me enseñas a utilizar mis cámaras Nikon Reflex y Canon Compacta. pues de momento solo se como se guardan para que no se estropeen. Ánimo y sigue así.
    Un abrazo.
    Fernando Martínez

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  2. Enhorabuena Manolo, aunque nonos veamos ultimamente te sigo con atención, ya me contarás donde estuviste. Podríamos quedar a charlar algun rato, ahora dispongo de más tiempo, un abrazo.

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