domingo, 22 de diciembre de 2013

LA AURORA BOREAL


CUANDO LOS CIELOS DANZAN
 Y VOMITAN LUCES VERDES

   En nuestro Planeta Azul ocurren algunos espectáculos extraordinarios: erupciones volcánicas, aludes de nieve o hielo y especialmente meteoros. Fenómenos, a veces agresivos, incontenibles y otros inofensivos, llenos de hermosura, como las auroras.
   Por ello, a la primera oportunidad, me uní a un grupo de fotógrafos expertos, especialmente en fotografía nocturna, que buscaban lo mismo que yo, fotografiarlas.
   Pero este fenómeno se produce en zonas polares* y la más próxima que teníamos era la norte, así que buscábamos la aurora boreal, ya que la austral no quedaba más lejos, claro.
 Este fenómeno requiere de temperaturas muy frías, aparecen desde Septiembre hasta Marzo y este mes de diciembre parecía buen momento para su observación.
   Como no conocíamos el terreno al detalle, esta época, que aún disponía de unas pocas horas de luz, servía para buscar los lugares donde deseábamos enmarcarla en aquellas montañas colindantes a los fiordos; se hacía de noche a eso de las 12h 30”.
   Todo este grupo de entusiastas fotógrafos, partimos desde Alicante (España) rumbo a Tromso (Noruega), una ciudad muy al norte, donde nos habían informado la frecuencia del fenómeno.
  

   Instalados en la ciudad, completamente cubierta por el hielo y nieve, pertrechados con tres o cuatro capas de ropa caliente y calzado adecuado, comenzamos nuestras excursiones de localización de lugares idóneos para la observación y caza del meteoro.
    Estábamos contentos, pues a treinta minutos de llegar al aeropuerto, ya habíamos visto la aurora por las ventanillas de la aeronave, confirmándonos que era buen momento para nuestro soñado encuentro.
  
Aurora boreal fotografiada desde el avión cerca de Tromso (Noruega)
   Por la mañana amaneció nevando y ahora, a media tarde, aun quedaban algunas nubes que reflejaban la luz de las calles de las aldeas de pescadores.
   A las 18h, cuando descendíamos hacia uno de los fiordos, aprecio una raya blanquinosa a través de la ventanilla del coche; podría ser una estirada nube.   
   Paramos en un ensanche de la carretera y rápidamente instalé el trípode y una cámara que a los pocos segundos nos confirmó que era una aurora.

 
  Era de color amarillo verdosa y pronto comenzó a transformarse y a moverse.
    Debido al entusiasmo no esperamos más y comenzamos a fotografiar sus evoluciones en aquel cielo del norte.
 Las cámaras “echaban humo”. Gritos de alegría, felicitaciones; estábamos muy contentos, ya lo habíamos conseguido.
    Ahora debíamos buscar un buen emplazamiento y esperar a que tomara más fuerza, decidiendo bajar junto a las aguas del fiordo, por aquellas carreteras nevadas que nunca vimos su asfalto.
  


   La velocidad de conducción en estas tierras está limitada, especialmente por el gran peligro de atropellar a renos o peor aún a los gigantescos alces.
   Las ruedas con clavos nos daban una conducción muy segura, diferente con cadenas en nuestras tierras, menos sepultadas por la nieve.
    Hundiéndonos en el blanco manto, nos aproximamos a la orilla del fiordo en Grotfjord, a la vez que nos alejábamos de las luces de las farolas que iluminaban aquella zona de pescadores a nuestra espalda.
   Ahora, aun nerviosos, fuimos depurando nuestra técnica evitando el movimiento de las estrellas por las exposición de varios segundos, diafragma al máximo y sensibilidad mínima para evitar el grano con ISO alto.
  
La conducción por las carreteras de Noruega están muy limitadas.
 Una de las causas es por la posible aparición de renos o alces en ellas.
   Se repetían las exclamaciones de asombro y alegría ante aquel espectáculo que evolucionaba sobre nuestras cabezas, en algunos momentos, a gran velocidad, cambiando de forma, color e intensidad.
   A eso de la 1:30 de la madrugada se debilitó y contentos regresamos a casa sin parar de comentar nuestra suerte en aquella “cacería” al cielo.
   Al día siguiente buscamos otro emplazamiento esperando tener la misma suerte y así fue.
  Esta vez nos situamos en la isla de Sommaroy otro puertecito pesquero.
  Esperamos la hora adecuada realizando algunas fotos nocturnas en aquel lugar.
  

   El punto debía ser muy conocido, por que al poco llegaron dos autobuses de turistas bien equipados para el acontecimiento que iban a presenciar en tan gélida noche.
   Ascendimos todos a una ladera que dominaba el mar y algunas islas; perfecto para acompañar a las auroras que ya comenzaban su espectáculo, despertando la admiración de todos, especialmente cuando se producía una nueva transformación a gran velocidad, arrancando gritos al unísono.
   Todos nosotros conocíamos su origen. Se producen cuando una eyección de masa solar choca con los polos norte y sur de la magnetosfera terrestre, produciendo una luz difusa pero predominante proyectada en la ionosfera terrestre. También conocíamos imágenes e incluso filmaciones, pero necesitábamos apreciarlo en directo, sentirlas ante nosotros y ser testigos y protagonistas con nuestro reportaje, a pesar de las inclemencias del clima poco caluroso.

 
    Pero lo que estábamos presenciando aquí era superior a lo que hasta ahora conocíamos.
  El escenario era mayor y la aurora se reproducía en diferentes puntos con formas, colores y movimientos que nos dejaban temblando de emoción.
   Las partículas del viento solar excitaban las moléculas de
oxígeno que es responsable de los dos colores primarios de las auroras, el verde/amarillo; el color más rojo lo producía una transición menos frecuente desde el violeta hasta el rojo;
 el nitrógeno era el responsable de producir la luz azulada, mientras que las moléculas de helio eran las responsables del rojo/púrpura de los bordes más bajos de las auroras y de las partes más externas curvadas,
  


   Habíamos sacado una buena colección de fotografías, con la esperanza de haber acertado algunas, ya que el enfoque se hace  manualmente y cada objetivo tiene su infinito en un punto particular. Así que debía comprobar mi ajuste en las estrellas fotografiadas, buscando su nitidez, que contrastaría con la textura de la aurora difuminada. Mis compañeros, expertos en fotografía nocturna, aplicaban la hiperfocal, asegurando así un enfoque perfecto.

  
   
  Al tercer día amaneció nevando y no tenía trazas de menguar, así que decidimos irnos hacia el este, hacia la parte opuesta de donde entraba aquel temporal y acabamos  alcanzando Finlandia.
   Habíamos acertado con nuestra decisión. Esta parte del país estaba casi sin nubes y parecía que despejaría conforme pasaran las horas.
   La luz del débil día aguantó para estudiar un nuevo lugar donde esperar una vez más a nuestra aurora. Pero la temperatura había bajado hasta -27º, lo que nos hizo pensar la nochecita que nos esperaba quietos ante nuestras cámaras, sobre la nieve.
  
El arco anticrepuscular se manifiesta al Este al ponerse el Sol,
reflejando su color salmón sobre las aguas del fiordo.
   No fue así, durante nuestro regreso al fiordo elegido, en las cercanías de Skibotn, comprobamos que la temperatura se suavizaba y ello nos daba un respiro para nuestra eminente sesión fotográfica.
   Aquel lugar era una zona turística y pudimos comer en un restaurante esperando que se hicieran la hora adecuada para la aparición de las mágicas luces, a eso de las 18h.
   Nos situamos cerca de las aguas ante una cordillera y no tuvimos que esperar demasiado; allí estaba.
  Hacía mucho frío y esto favorecería la formación de la aurora.
  


   Salía por la cumbre de un monte, al este, acompañando a Júpiter. Parecía un volcán vomitando humo verde, que pasaba sobre nuestras cabezas fantasmagóricamente con ligeras trasformaciones, atravesando la estrella polar que aquí teníamos cenitalmente sobre nuestras cabezas, para seguir cruzando el firmamento hacia Pléyades y la constelación de Orión.
     

  
 La Luna, en cuarto creciente, casi no interfería la luz de la aurora y horas más tarde se ocultó tras las montañas quedándonos frente a frente ante el meteoro.
    De repente, comenzó a danzar sobre nuestras cabezas de forma vertiginosa, parecía que estaba muy cerca de nosotros. Mis piernas temblaban y no era por el frío. Me quedé tan impresionado que ni siquiera  me distraje disparando la cámara.    Necesitaba concentrarme en el espectáculo, sentirlo plenamente.
  Regresamos a la ciudad muy contentos, comentando nuestra nueva experiencia bajo aquellos cielos nórdicos, agraciados con este extraordinario e inofensivo meteoro.
   Aun que al día siguiente amaneció Tromso nuevamente nublado, la tarde nos ofreció otra oportunidad menos espectacular, pero también de gran hermosura.
  

   A partir de este último día, una cálida borrasca se instaló en esta parte de Noruega, produciendo lluvia que deshizo la nieve en las calles y sacó el horror de los viandantes, un hielo cristalino que sin “crampones” resultaba muy peligroso andar por el; la pesadilla de los noruegos.



   Habíamos cumplido nuestros deseos por unos días, pues la borrasca duraría más de una semana sobre esta tierra y si hubiéramos retrasado el viaje, hubiéramos regresado sin cumplir nuestro objetivo.
   Así que muy contentos por la suerte, regresamos a nuestro país lleno de luz y con un clima soñado por los habitantes de este país nórdico en el Círculo Polar Ártico.

* NOTA:
   Debido a esta publicación algunos ciudadanos españoles me han comentado que el 25 de Enero de 1938, en plena Guerra Civil española, se produjo este fenómeno que dio origen a múltiples interpretaciones políticas, religiosas y forestales, al quedar sorprendidos ante esta luz coloreada, para ellos inexplicable,  que invadió esa noche el firmamento de este país en conflicto. Ante esta noticia he investigado y se confirma que el fenómeno fue visto en toda Europa.
   Rafael Casaña me dice que su madre, vecina de Alcublas (Valencia), le contaba que al ver aquella intensa luz creían los vecinos que estaba ardiendo la ciudad de Teruel por los bombardeos.
   José Fornas me cuenta que desde Valecia vieron aquella luz sobre la Sierra Calderona y pensaron que le habían pegado fuego.
   El fenómeno se produce normalmente en latitudes muy altas. A 67 grados de latitud magnética son un fenómeno frecuente. Se pueden ver casi todas las noches con cielos despejados, en el hemisferio norte, desde finales de otoño hasta el comienzo de la primavera. A 57 grados la frecuencia es menor, de solo una o dos veces por mes; diez grados más abajo, a 47 grados tan sólo se pueden ver una o dos por año. En el ecuador se estima que puede verse una aurora boreal cada dos o tres siglos.
   Por supuesto que debe de coincidir con unas condiciones de temperaturas de frío extremo, como ocurrió aquel fatídico año de la Guerra Civil española, donde se alcanzaron en algunos frentes de Aragón los -30º.

VIDEO RESUMEN: https://www.youtube.com/watch?v=P-vU6ESHsR4&feature=youtu.be

Fotografías del autor y Juan Carlos Lagomacini
Vídeo de Sara Jimenez.

Manolo Ambou Terradez













 


11 comentarios:

  1. Manolo, impresionante!. Menuda experiencia!
    Si vuelves a Africa me apunto al viaje! :-)

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  2. Yo cuando sea mayor quiero hacer lo mismo Manolo.
    impresionante reportaje, me gusta mucho

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  3. Preciosas fotos ,pero en vivo y directo no tendra palabras para sentir esa
    experiencia.

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  4. Hola Manolo. Cuando me apunté al viaje soñé con las imágenes que nos has mostrado. Habeis obtenido el premio merecido a los preparativos y trabajo que de buena tinta se que hay detrás de este viaje. Me alegra haber dejado mi plaza a una persona que nos intenta transmitir las sensaciones maravillosas que depara este espectáculo mágico. Un fuerte abrazo. Jose

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  5. Después de ver estas impresionante fotografias, me imajino lo que en vivo como disfrutarias todos de tal escena, gracias por hacernos llegar este reportaje y de trasmitirnos vuestras sensaciones a traves de vuestro escrito, redactado con mucho corazón. Gracias y un fuerte abrazo de Jose Berga.

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  6. Enhorabuena por la estupenda colección de fotos. Yo también puedo dar fe de que fue una noche mágica.

    En realidad las auroras no requieren de temperaturas frías. Los lapones dicen que cuando hace mucho frío es más fácil verlas, pero los registros históricos demuestran que esto es una idea popular que no se corresponde con la realidad.

    En verano también se produce la aurora, aunque como la luz perpetua del Sol impide verla solo sabemos que está ahí gracias a las mediciones ionosféricas de los observatorios. El más importante es el Nordlys Observatoriet que está, precisamente, en Tromsø.

    Yo también estuve en Sommaroy esa misma noche. En En busca de las luces del Norte puedes ver un artículo más técnico sobre las auroras. Mi primera caza de este año también tuvo lugar en Islandia: En busca de las luces del Norte (II).

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  7. La aurora de la Guerra Civil no se vio el 25 de diciembre de 1938, sino el 25 de enero de ese año.

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  8. Buen trabajo y aportando y sumando es cuano un trabajo te deja satisfecho. Muy bien Manolo.

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  9. Gracias. Ha sido un fallo de escritura. Lo tenía registrado como tu dices en Enero. Lo cambio ya que esto es historia.

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  10. Gracias Mizar: Esto es una pequeña muestra de lo que realizamos. Yo no soy un técnico de estos fenómenos, solo un mirón. No puedo pasar por el Mundo sin disfrutar de estos espectáculos, aun que no sean de fácil de ver y.... no me puedo callar. Me ha gustado tu artículo.

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