jueves, 16 de enero de 2020

SORPRESAS EN EL PRIMER CONGRESO PARA FOTÓGRAFOS DE NATURALEZA




UN TRABAJO DE CAMPO SINGULAR
El trabajo que realicé en el año 1983 en colaboración de Luis Santamaría y Carlos Duran sobre la nidificación del águila perdicera, en lo que más tarde se denominó Parque Natural del Turia, aun estando condicionado por los escasos medios de que disponíamos entonces,  causó un auténtico revuelo entre los fotógrafos de la naturaleza que asistían en Talavera de la Reina al primer congreso de AEFONA (año 1993) para, agrupándose, tratar de resolver los problemas que sufríamos, tantos los profesionales como los simples aficionados, con las editoriales y otros problemas  relacionados con esta difícil y rara actividad.

En aquel momento solo éramos unos ciento cincuenta fotógrafos que nos dedicábamos a esa actividad en toda nuestra agraciada Península Ibérica, en esa piel de toro que abarca un gran número de ecosistemas, paraíso europeo para todo aficionado que desee verlos, fotografiarlos o filmarlos.

 Nuestro gran amigo y prestigioso fotógrafo Herminio Martinez Muñiz, conocedor directo de nuestro trabajo, nos invitó a participar en aquellas jornadas, asegurándonos lo enriquecedor que sería para nosotros aquel contacto con la "crem de la crem" de los fotógrafos de naturaleza, esa especialidad tan compleja en la que modestamente nos habíamos metido.



Herminio nos indicó que todo el mundo podría presentar unas pocas fotos de su particular trabajo, con la intención de dar a conocer las técnicas que utilizaban, por lo que aprenderíamos mucho de todos estos maestro, así que elegimos unas diapositivas que enseñaran el nuestro. Y así lo hicimos.

Luis y yo, abrumado entre toda aquella peña de curtidos fotógrafos, nos limitamos a observar  unas maravillosas imágenes realizadas con envidiables equipos y caras películas y a escuchar los comentarios técnicos de su realización, a cargo de aquella gente con callos en su dedo índice.



Cuando terminó la exposición de la primera jornada, mientras Luis y yo comentábamos admirados lo que acabábamos de ver y escuchar, apareció nuestro amigo Herminio.

-- Pero, ¿cómo es que no habéis presentado las vuestras, como os indiqué?-- Preguntó con tono un poco enfadado.
--Haced el favor de entregarlas, que serán interesantes, ya lo veréis. -- Nos indicaba nuestro gran amigo, ducho en las lides que se barajaban allí.
-- ¡Pero Herminio: si nuestras fotos están sacadas con cámara y óptica de "chicha i nabo" Un zoom que baila cuando lo muevo, que me costó quince mil pesetas en Alemania! -- Le explicábamos al maestro, conscientes de la poca calidad de nuestras imágenes tras haber visto aquellas fotografías maravillosas, hechas con depurada técnica.
Pero él siguió insistiendo, convencido de la calidad de nuestro trabajo, eligiendo él mismo algunas diapositivas.

Al día siguiente, en aquel enorme salón se continuaron proyectando los trabajos de otros fotógrafos. Se habían mostrado ya unos quince magníficos trabajos, cuando nos llegó el turno.

Tras dos o tres fotos mostrando a las águilas perdiceras en su intimidad, al proyectar la siguiente, se vio como instalábamos el hide, y al comentar de qué iba, se revolucionó la sala.

Colgados sobre la gran pared instalamos nuestro primer hide para las observaciones a las rapaces.
La imagen mostraba nuestro trabajo colgados en medio de aquella impresionante pared, instalando nuestro hide a solo siete metros del nido, esa piedra artificial que nos acogería durante dos meses y en ese tiempo, poder estudiar a las rapaces durante su nidificación, incubación y el desarrollo de los pollos, nuestro verdadero objetivo.


Podemos ver el hide y la hembra en el nido incubando. ¿No?

Se oyeron algunos rumores cuando se vio la imagen en la que estaba el nido, y a solo siete metros nuestro hide de madera del año 1983. 
-- Si el nido con el águila incubando la vemos, pero el hide no. -- Me indicaba el director del acto y me rogó que saliera a la palestra para mostrarles el hide, pues nadie lo había descubierto aún. 

Mientras tanto, se escuchaba al fondo de la sala la risa inconfundible de  Herminio, responsable de aquella movida.


El hide de madera camuflado con la roca de su entorno.
Con un puntero les mostré el hide, e inmediatamente la sala hirvió en comentarios. Les aclaré que solo montamos estos hides mimetizado con el entorno para que no lo vieran los hombres, más que para las águilas, cumpliendo además con una condición muy estudiada e imprescindible, que siempre pudiéramos entrar y salir de ellos sin molestar a las rapaces, aunque estas se encontraran en el propio nido, lo que originó nuevos rumores en la sala.

Sabiendo la foto que seguía, comenté al público la enorme dificultad que tendrían otra vez para descubrir nuestro nuevo hide, realizado con fibra de vidrio y resina de poliéster, mucho más difícil de distinguir, debido a su impresionante mimetismo con la roca del entorno, y así fue.


Hide de fibra a 9 m del nido con dos huevos. ¿Si?
Un grupo de expertos y mandamases se encontraban sentados en primera fila, como siempre, estaban sorprendidos por el trabajo mostrado en la foto anterior. Uno de ellos no pudo aguantar más y levantándose de su privilegiado asiento dijo:

-- ¡Pues yo distingo la sombra, pero no veo el hide! -- Gritó desconcertado ante aquella nueva imagen.

La risa de Herminio de nuevo se escuchó en el fondo de la sala, pues él de antemano sabía que íbamos a sorprender con nuestro atrevido y espectacular trabajo, al parecer nunca visto antes.



Cuando lo señalé, la peña ya no pudo aguantarse más. Se puso en pié aplaudiendo y saliendo de sus asientos se acercaron para abrumarnos con sus felicitaciones y a pesar que faltaban todavía una decena de compañeros por exponer su trabajo se dio por terminado el acto.
Pero los más sorprendidos fuimos nosotros, ya que en ningún momento podíamos pensar que fuera tan innovadora nuestra técnica, imaginábamos que alguien más, en este mundo de aventureros, habría realizado trabajos parecidos, pero no era así.
Nosotros valorábamos todo el estudio que realizamos en la nidificación, pero no el método utilizado para ello, que resultó ser una novedad.
Montaje de la plataforma para el hide de fibra, instalado sobre el extraplomo a 60 m de altura y a 20m del acceso.
Todo el mundo estaba asombrado de nuestro circense y singular trabajo de campo pues, sin medios, habíamos logrado con repetidos éxitos, continuar con nuestra anual cita en la roca con aquellas águilas perdiceras, sin molestia alguna para las rapaces durante nuestras observaciones, y por supuesto, con la correspondiente autorización por parte de las autoridades.

Montaje del soporte primario de la fibra.
Ninguno de aquellos expertos, algunos de ellos internacionales, conocía de alguien que hubiera realizado un trabajo semejante y a tan corta distancia del nido, con un trabajo tan respetuoso con las rapaces y exitoso por los resultados, actividad que hemos repetido con éxito hasta la temporada de 2005, cuando mataron a la vieja hembra.

En el año 1984 montamos un audiovisual, en el que mostrábamos los resultados de nuestra primera experiencia, relatando aquella historia a un público interesado. Viendo la aceptación que causó aquel trabajo, en el 2018 me decidí a reescribirlo y lo publiqué en un modesto libro "CITA EN LA ROCA" de gran aceptación por sus lectores; este es nuestro premio, que agradecemos.


Fotografías de autor.

Manolo Ambou Terrádez


4 comentarios:

  1. ¡Que buenos momentos Manolo....!
    Un fuerte abrazo.

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  2. Una maravilla. Gracias a personas como vosotros la gente que amamos la naturaleza podemos disfrutar y conocer la vida de las aves.
    Un abrazo.

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  3. Genial!
    Los pioneros siempre tienen ese plus de motivación, que les hace llegar tan lejos.

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