miércoles, 27 de marzo de 2013

EL CRIALO (Clamator glandarius)

EL CRÍALO, LA OTRA AVE PARÁSITA






Mi primer contacto con esta especie, sucedió algo lejos de estas tierras que aún no conocía.

Era 1954. Tenía unos 9 años y me encontraba veraneando en el limite de nuestra provincia con la de Cuenca,en el molino medieval del siglo XVI de mi querido abuelo materno en plena huerta de Mira; un soleado y precioso pueblecito típicamente musulmán, Mirabel del Río, como le denominaban los moros.

En aquella época, era un muchacho que se había propuesto imitar a su abuelo, gran hombre, gran cazador y honesto.



Orgulloso de el y con intención de emularlo, salía a cazar inocentes pajarillos que capturaba con mi pequeño rifle de aire comprimido Norika, un auténtico juguete que también tiraba tapones. Esta deficiencia en el arma aguzó mi instinto para acercarme a las presas y compensar de esta forma su poca potencia.

De vez en cuando sorprendía a mi abuelo con alguna especie difícil de cazar o tan rara que ni él conocía, cosa extraña; este fue el caso.

Con este lamentable método de autoeducación iba tomando contacto con la biodiversidad del lugar. Pero entonces la posibilidad de tener acceso a libros especializados en nuestra fauna era una auténtica utopía.




Una tarde, cuando regresaba al molino cargado con un puñado de gorriones que diezmaban las cosechas, según los campesinos, un potente, estridente y desconocido reclamo me llamó la atención. Completamente inmóvil junto a la frondosa vegetación del modesto riachuelo, trataba de descubrir el extraño ser que lo emitía.


Era grande, como una tórtola y parecido a una urraca pero de diferente color y tocado con unas plumas erizadas en la cabeza. No lo dudé, debía cazarlo para que mi abuelo me indicara de que especie se trataba, pues yo lo desconocía.

Un certero tiro directo al corazón desplomó al ave que calló fulminada. Nervioso de la emoción y orgulloso con aquel raro ejemplar, corrí en busca del gran cazador para mostrarle mi trofeo.


El asombro del abuelo fue morrocotudo, pues él no conocía aquella especie, por lo cual nos dirigimos de inmediato a buscar a su amigo Dalmacio, el más erudito del lugar, que disponía de una buena biblioteca. Pero no hubo forma, no aparecía en ninguno de sus libros. Y así quedó como un misterio para mí.


Veinte años después, estando en la casa de campo en Pedralba, cerca del río Turia, volví a escuchar aquel estridente reclamo. Rápidamente cogí los prismáticos y pude descubrí a la extraña ave posada en un cercano algarrobo; era la misma.

Pero ahora, disponía de prismáticos y un buen libro de campo, por lo que pronto pude descifrar aquella incógnita; la guía pronto me indicó que se trataba de un Críalo (Clamator glandarius).

Tuvieron que pasar veinte años más para volverlo a verlo, pero ahora, enterado de sus costumbres, lo esperaba escondido, mimetizado con el entorno, en el término de Casinos, con el equipo fotográfico.

En dos ocasiones conseguí fotografiarlo en compañía de dos compañeros de “armas”: José Luis Sanmiguel y Salvador Viadel. Para mí fue muy importante.


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Decíamos que el Críalo también es un ave parasitaria, una de las dos únicas en toda Europa, como el Cuco.


Y….¡atención! parasita a las Urracas, a las tan despreciadas aves para los cazadores y alguno más.

Pues bien: estas aves se aprovechan de los córvidos y en especial de las urracas, colocando uno y en extrañas ocasiones, varios huevos en sus nidos.

Pondrán hasta 15 huevos, repartidos en los nidos parasitados que eclosionarán varios días antes que los pollos del ignorante anfitrión. Esto provocará con diversas estrategias, el aplastamiento de los legítimos o el olvido por su debilidad e insistencia en recibir la comida por el poderoso intruso.


De esta forma quedan anulados y olvidados muchos de los nidos de las prolíficas e inteligentes urracas.Pero todo no termina aquí. Su alimentación es similar al Cuco y como el se nutre de insectos y especialmente de orugas de procesionaria, que las busca ávidamente en los pinares, sacándolas de las sedosas y resistentes bolsas.

¡Hasta pronto!




Manolo Ambou Terradez

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