miércoles, 9 de marzo de 2016

LOS TRES MIRLOS EUROPEOS


LOS TRES MOSQUETEROS



Como observador de la naturaleza, como fotógrafo de ella, mas mirón que otra cosa, siempre me ha hecho gracia esa semejanza de nombres comunes que en algunos casos sucede en las aves y por ello me presto a agruparlos.
Esta vez se trata de los mirlos en Europa: Mirlo común, el Mirlo acuático y el Mirlo capiblanco.






EL MIRLO COMÚN (Turdus merula)

Todos conocemos, y de cerca, al mirlo común, dado que ahora, parece que comenzamos a ser más respetuosos con la fauna que nos rodea, tenemos la ocasión de contemplar a esta ave junto a nosotros, especialmente en paseos y jardines, sin que nos aparezca ese instinto agresivo y depredador, que hasta no hace mucho nos dominaba.
Siempre he añorado ese respeto al darme la oportunidad de observar la fauna más variada, de cerca, a causa del plausible respeto de sus habitantes, en la mayoría de países europeos que visitaba, incluidos los que se encontraban tras “El Telón de Acero”, pues confundíamos su pobreza con la cultura y me sorprendieron.
Así que ahora, en nuestras poblaciones, desde hace ya varias décadas, podemos contemplar a esta ave de librea completamente negra, salvo el pico amarillo anaranjado, al igual que el anillo ocular que rodea sus ojos, campeando por la hierba de los jardines, sin expresar demasiada atención por nuestra presencia.
¡Juventud, que suerte tenéis, esto en mi época era asombroso, impensable!


La hembra tiene un tono menos brillante, más apagado al ser de un color con tendencia al marrón y tampoco dispone del amarillo potente del pico y el anillo ocular marrón claro como el pico también de color pálido.
Su cualidad de omnívoro lo hace capaz de alimentarse de frutas y bayas, lo mismo que de insectos, gusanos, babosas, caracoles; de todo.
Con su fuerte pico es capaz de perforar la corteza de los frutos más grandes, como las naranjas maduradas y caídas en el suelo, dejándolas en condiciones para que otras aves se alimenten también de ellas.
Los campos de naranjos y olivares son un excelente habitas para estas aves, pero su problema son las brutales fumigaciones contra insectos y las podas con poca sensibilidad sin que se respeten sus nidos.

  
No se si os habéis fijado que hay pájaros que andan y otros se desplazan saltando, este es de los últimos. Lo vemos por el suelo saltando con la cabeza baja, buscando sus presas levantando bruscamente las hojas, con intención de sorprender algún insecto o lombriz que haya subido por la noche al exterior, y si la encuentra, estirará de ella hasta sacarla.
 Algunas veces esta acción llega a ser muy cómica, cuando es muy grande la lombriz, el mirlo se obliga a estirar el pico, el cuello, todo su cuerpo e incluso se pone “de puntillas” para conseguir sacarla de su túnel en la tierra.
Una característica en la fabricación de su nido, es la utilización de barro para su base, que al endurecerse lo deja perfectamente sujeto a las ramas frondosas donde esconde sus preciosos huevos verdosos con pequeñas manchitas marrones, auténticas joyas.
Ahora, cuando comience la primavera, oiremos su precioso canto, que marca su territorio, especialmente en las horas crepusculares.
Yo soy una de esas persona agraciadas, por vivir entre naranjos, donde se produce una conjunción extraordinaria, al juntarse a la vez sus gorjeos aflautado y melódicos del  canto de estas aves con el aroma embriagador de sus flores, el azahar; un extraordinario placer.
¿Sabemos apreciarlo?



EL MIRLO ACUÁTICO EUROPEO
(Cinclus cinclus)

Era una preciosa mañana en el inicio del verano paseaba por las orillas de un río pirenaico de aguas cristalinas y revoltosas, que descendían del deshielo de la alta montaña, tras haber descansado algún tiempo en pequeños lagos, en ibones, para descender luego con ruidosas cascadas hacia las praderas. Ya más calmadas, ahora entre pulidas piedras, dejan ver su pureza, su transparencia y plateados reflejos.
Era un placer caminar junto a él. El prado estaba completamente lleno de flores, especialmente aguileñas y orquídeas, y entre ellas, algo más poderosas, se alzaban los iris pincelando el prado con su fuerte color violeta.
Al llegar sobre un moderado desnivel del río, me senté junto a él en la sombra, camuflado por las ramas bajas de un pino negro que había resistido estoicamente las inclemencias de la altura en tantos inviernos.



 Acompañado por los cánticos de aquellas aguas, disfrutaba viendo las medianas truchas, que ágiles y nerviosas capturaban los insectos que caían imprudentes al río. de repente surgió un ave de las aguas, para posarse sobre una de aquellas piedras, que como diminutas islas sobresalían del río.
 Tenía su plumaje pardo oscuro con el pecho blanco, a modo de “babero”. No paraba de hacer movimientos nerviosos agachándose y levantándose bruscamente, mientras miraba a su alrededor. Cuando cerraba los ojos enseñaba los párpados blancos. Llevaba en su pico negro una gusarapa que había capturado, y pronto se la tragó tras golpearla en la piedra.
 Repasó con el pico sus plumas, que no parecían mojadas y unos segundos más tarde se zambulló ante mí en un relativo remanso. La transparencia del agua me permitió seguir su actividad dentro de ella. Se movía por aquel elemento como si volara y pronto alcanzó el fondo, dirigiendo su cabeza hacia la corriente, adoptando una postura de cuña.
El mirlo, sobre la piedra, apunto de saltar hacia el nido. Detrás el del año anterior.
La fuerza de la corriente lo comprimía contra el fondo y ahora caminaba por él, volteando los guijarros nerviosamente. Solo le bastó levantar la cabeza para subir a la superficie, para flotar hasta ella como si fuera un corcho, y de un salto quedó nuevamente sobre una piedra con dos de aquellas larvas atravesadas en el pico.
 Las gotas de agua, como diamantes, resbalaban por su plumaje impermeable. Después de realizar esos movimientos agachadizos, salió volando con rápido y potente aleteo rectilíneo, siguiendo el cauce aguas a bajo, como una flecha.
Estaba aún extasiado por lo que terminaba de ver. Tenía algunos conocimientos sobre esta ave, pero aún no había gozado con la oportunidad de verla en directo y desde tan cerca.
Estaba claro, que por su alimentación, necesitaba de aguas muy limpias, donde se desarrollan las gusarapas, estas larvas de insecto tan exigentes, bioindicadores de la pureza de un río.
Era evidente que si quería verlos en mi tierra mediterránea, tendría que buscar aguas limpias, puras, con corriente. Y así lo hice.
Debía probar en la parte alta del Turia y tras revisar sus orillas y observar excrementos blancos en algunas de las piedras que sobresalían en la corriente, encontré instalado en una inclinada cornisa de roca sobre el agua, de difícil acceso a un depredador, dos nidos redondos en forma de hornos morunos con entradas por la parte inferior.
Uno de ellos parecía algo dañado, pero el otro daba la impresión que era de esta temporada, así que me achoqué en la fronda de la ribera y esperé a ver su presencia.
El pollo de turno asoma la cabeza.
Corrieron unos pocos minutos cuando pasó ante mi como un rayo. Evidentemente, en ese momento, no estaba activo aquel nido, así que probaría la próxima temporada, en otro río más estrecho, que a demás me permitiera sacar fotografías a menos distancia, y así fue.
Esta vez lo busqué en un modesto afluente de Turia, era el río de Arcos, perfecto, porque agrupaba todas las condiciones necesarias.
Tras recorrer algo más de un kilómetro por su orilla, encontré unas pequeñas paredes que caían sobre el agua en la margen izquierda y allí estaban: el viejo y el de ese mismo año.
Monte mi pequeño hide junto a unos matorrales y esperé a que apareciera esta curiosa especie, pero ahora con la cámara en mano.
No tardó en presentarse sobre una de las piedras dentro de las aguas con varias gusarapas en el pico y después de asegurarse de la ausencia de enemigos y tras emitir unos chasquidos ascendió al nido donde penetró en el orificio sin siquiera tocarlo. A continuación se escucharon a las crías reclamando su comida y momentos después salía del nido con un paquete fecal blanco en el pico y desapareció río a bajo, como siempre, como una flecha  rasante al agua.


EL MIRLO CAPIBLANCO 
(Turdus torquatus)

Tras informarme que ciertas aves del norte visitaban las zonas altas de las montañas del Sistema Ibérico en los alrededores del pico de el Toro, me incitó a preparar un hide robusto, estable, que aguantara las nieves, los vientos y cualquier otra inclemencia que se produjeran en aquel inhóspito lugar, muy próximo a los dos mil metros, a la alta montaña. El techo lo cubrí con tierra, césped y plantas, imitando a los que observé en Noruega, me pareció lo más adecuado.
Lo monté junto a una modesta fuente, repleta de excrementos de zorzales, donde había observado que acudían a calmar su sed.
¿Cuál era el motivo de aquellas aves por escoger ese lugar tan inhóspito?
Excrementos 
Pronto lo comprobé observando la composición de las heces que se encontraban en los piedras y posaderos junto a la fuente. Se apreciaban semillas de enebro, pero eran más abundantes las de escaramujo (Rosaceae canina), sabina albar (Juniperus thurifera) y muérdago blanco, este último inconfundible por su tono verdoso y pegajoso.
Efectivamente: en aquel lugar los montes estaban repletos de sabinas centenarias y los pinos albares soportaban gran cantidad de muérdago parasitándolos. Estas aves procedían de regiones y países del norte, en las montañas, allí donde se terminaba el bosque subalpino, formado por el pino negro, donde comienza a ceder su desarrollo por la excesiva altura de aquellos lugares. Este mirlo, especialista en los prados limítrofes con la alta montaña, ahora totalmente cubiertos por la nieve, por el auténtico invierno, sin posibilidad de encontrar alimento alguno, se ven obligado a emigrar hacia tierras menos inhóspitas, zafándose de las bajas temperaturas y donde puedan encontrar estos generosos especímenes forestales que los mantengan.
Una semana después de instalar el hide entro en él, con intención de comprobar si las aves lo habían aceptado ya. Cuatro especies de zorzal juntos con el ave que yo jamás había visto, el Mirlo capiblanco, bebían juntos en el hielo que comenzaba a fundirse por el sol en una pequeña depresión de un camino, pero estaba situado en un lugar que no me permitía fotografiarlos correctamente.
¡Bien! Solo faltaba que acudieran a la pequeña balsa que había instalado ante el hide a una distancia adecuada, y para ello debía eliminar cualquier encharcamiento en los alrededores de aquella modesta fuente. Comprobada aquella aceptación, realicé unas reparaciones en la balsa, con la ilusión de volver a la semana siguiente con mayor fortuna.
Esta vez me acompañaba Eusebio, un nuevo amigo que conocí en la Sociedad Ornitológica de Valencia, durante una de mis conferencias. Residía muy cerca de allí y  estaba altamente interesado, como yo, en hacer observaciones en aquel ecosistema.
Al poco de introducirnos en nuestro protector recinto, vimos diferentes aves que se posaban en lo alto de las viejas sabinas, oteando los alrededores. La mayoría eran zorzales, pero pronto distinguimos al mirlo capiblanco tan deseado y a los pocos minutos entró a la balsilla ante nosotros; fue emocionante. Era la primera vez que lo podíamos contemplar tan cerca. Podíamos distinguir todo su plumaje con detalle. Era negro, de proporciones semejantes al mirlo común, con la parte inferior del pico amarillo salvo en la punta que era negro, el borde de las alas algo pálidas, pero con una gran mancha blanca a modo de “babero”, lo que me indicaba que era un macho. Las hebras, algo pardas, no disponían de un babero tan inmaculado, pues estaba manchado por bandas oscuras. Le llegábamos a apreciar las aureolas blanquinosas que rodeaban las plumas del vientre, dándole un efecto escamoso. Era francamente hermoso y para mí exótico, así que nuestras cámaras comenzaron a realizar reportajes de esta nueva especie.

 Lo habíamos conseguido. Ahora ya conocía al tercer mirlo europeo, procedente del norte de Europa ¡De tan lejos!

Fotografías de Eusebio García y Manuel Ambou


Manolo Ambou Terradez




6 comentarios:

  1. No estaría mal algún archivo de sonido que acompañara el artículo. ¿Tienes archivos de sonido?

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  2. Tu lo que quieres es que trabaje más aun. Je je. Si: debo de tener algo del común, buscarlo , digitaliizarlo y encontrar algún programa para reducirlo y que lo pueda implantar en este blog. No es tan fácil como poner una fotografía. Si puedo lo intentaré.

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  3. Maravilloso relato de tus vivencias sobre esta bonita ave. Enhorabuena y gracias Manolo.
    Ahora a esperar otro

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  4. Eres un fenómeno Manolo, Me ha encantado leer este artículo

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  5. muchísimas gracias por la información, me interese por conocer acerca de esta ave gracias a una canción de the Beatles. ..Blackbird.
    y creo haberle visto en algunos rincones del Perú desplazándose saltando como ud, nos cuenta.

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