martes, 31 de julio de 2018

ESPECTRO DE BROCKEN






         UNA APARICIÓN
 Era Julio de 1965 cuando tras alcanzar la cumbre del Cilindro (3328 m) nos disponíamos a subir la Torre de Marboré (3017 m), uno de ese conjunto de tres miles que forman el sistema de Monte Perdido.
La niebla nos envolvía y cuando desaparecía bruscamente a nuestro lado sentíamos parecíamos caer al profundo abismo del Circo de Gabarnie mil metros más a bajo.
  La llegada a la cumbre fue espectacular, nuestras siluetas quedaron proyectadas a lo lejos sobre la inestable niebla, como si fuéramos gigantes rodeados por un círculo iris; quedamos sorprendidos ante semejante espectáculo.
  Era un meteoro que jamás habíamos visto, el espectro de Brocken.
Pronto reaccioné y sin dudarlo realicé una toma de varios segundos con el tomavistas de super 8 mm que un buen amigo nuestro, Paco Fervenza, nos había prestado.
  Descansando junto a las piedras desnudas de la cumbre, protegidos en parte del viento, intentamos razonar por que se formaba este fenómeno tan singular.

  El mar de nubes cubría el profundo valle de Gabarní a nuestros pies hasta el horizonte y todo paisaje que no se elevara sobre los 3000 metros.
En la cumbre de la Torre de Marboré. De izquierda a derecha: Luis Tuset, J.María. Valero, Manolo Ambou y Paco Perez Moragón
  Las nubes que se movían como enormes olas, trataban de superar aquella gran barrera pétrea que rodeaba el circo, buscando el Sol a nuestra espalda. De vez en cuando, algún retazo lo conseguía, pero pronto se desintegraba por los potentes rayos, que al atravesar alguna gotita de agua separaba sus colores proyectándolos con un círculo iréis sobre el mar de nubes, arrastrando nuestras siluetas a su centro como sombríos gigantes.
  Nos felicitamos por haber tenido la suerte de contemplar y filmar aquella interesante aparición y muy contentos regresamos al refugio de Goriz sobre el Parque Nacional de Ordesa.

  A nuestro regreso busqué en los libros de montaña de la Biblioteca Pública, en la del Centro Excursionista de Valencia y especializadas librerías relatos que se refirieran a este original espectro, pero solo encontré ligeras descripciones e ilustraciones todas ellas con clásicos dibujos a plumilla, especialmente en los relatos de las primeras conquistas alpinas, en el nacimiento del alpinismo.
  Pasaron mis años de montaña y nunca tuve la suerte de encontrarme nuevamente con este hermoso espectro.


  Eran los años setenta cuando estando realizando un curso de Patrón de Cabotaje, el profesor de Meteorología, un avezado marino, hizo un repaso por los meteoros: Aurora boreal, Fuego de Santelmo, Arco Iris …. , poco a poco los fue describiendo, dado que en sus numerosas navegaciones por todo el Mundo había tenido oportunidad de contemplarlos, y con sumo detalle nos los fue describiendo, pero con solo uno de ellos confesó que no había tenido la oportunidad de verlo, se trataba del espectro de Brocken.
  Acto seguido levanté el brazo y con sumo interés me hizo salir al estrado para que explicara mi experiencia y el motivo por el cual se producía y donde.
  Así lo hice y todos quedaron muy interesados por mi descripción, pero cuando le conté que había podido filmarlo, se interesó enormemente.
  Me comentó que él aun no había encontrado ninguna publicación fotográfica de este espectro y menos en color, que solo había encontrado dibujos antiguos a plumilla y que sería muy interesante ver aquellas imágenes que conseguí grabar en el Pirineo; aun no existía Internet.

  Inmediatamente, cuando regresé a casa, busqué la película, pero no la encontré. También faltaban los royos de dos reportajes más de casi treinta minutos que había realizado, con un alto costo económico para mí. Por mas que los busque no aparecieron. Pregunté a los amigos y al Centro Excursionista de Valencia, donde los proyecté por última vez, pero nada, habían desaparecido. Nunca lo entendí.

  Alertado por su interés, desde aquel momento me dediqué a buscar imágenes fotográficas sobre el tema en todas las bibliotecas con libros de montaña y meteorología sin ningún resultado positivo.

  Habían pasado algunos años cuando me encontraba esquiando en Sierra Nevada. Como los compañeros no tenían mi nivel y ya había esquiado medio día con ellos, decidí hacer un descenso en solitario desde el Veleta (3395 m) a mi aire, para disfrutar así buscando las mejores nieves.

  Entonces el teleférico de cabinas llegaba muy cerca de la cumbre, posiblemente a unos 50 m de ella. Aprovechando aquella cómoda aproximación, y tras dejar clavados los equies a la salida del remonte, ascendí sin ellos hasta la cumbre, donde me guardaba una sorpresa.
  A mi derecha tenía el Mulhacén (3478 m) y la Alcazaba (3371 m) y ante mí un enorme mar de nubes, que como una gran pantalla mostraba mi silueta gigantesca dentro de aquel fantástico circulo de gloria. Nuevamente lo tenía ante mí.
  Instintivamente mi mano derecha buscó ávidamente en el bolsillo izquierdo del anorak la mini cámara “Rollei 35T” de alta calidad que acostumbraba a llevar a todas partes, desde hacía ya muchos años, pero no estaba.
¿Cómo era posible si siempre la llevaba encima?
Seguramente me la había dejado en el hotel involuntariamente por primera vez, y la Ley de Murphy me había pillado nuevamente en aquel momento tan inoportuno, que suele perseguirnos muy a menudo a los sufridos fotógrafos como yo.
  Cuando aún gritaba de rabia descubrí a un amigo que salía en ese momento del remonte y le voceé nervioso.
--¡Vicente!
-- ¿Llevas la mini cámara Nikon? Pronto me contestó Vicente Barberá.
-- ¡Si que la llevo, y con diapositivas!
-- ¡Mejor!
  Bajé la fuerte pendiente asta él como si fuera un rebeco, a saltos, y arrebatándole la cámara sin darle explicación alguna subí corriendo desesperado. Parecía que se me salía el corazón por la boca.   Cuando llegue nuevamente a la cumbre seguía el espectro agasajando mi silueta. Abrí las piernas y brazos para que se humanizara mi silueta y disparé la cámara repetidas veces; esta vez no se me debía escapar. Pero Murphy no había terminado.


  Ahora ya mas relajado y contento bajé hasta mi amigo para devolverle la cámara y le conté de que iban aquellas carreras, me felicitó y descendimos juntos con estupendos virajes aquella suave y larga pista roja, en lo más alto de la Península en Sierra nevada.

  Cuando Vicente reveló el carrete me llamó para ver las diapositivas. Pronto acudí impaciente a su casa, pero otra vez me esperaba el dichoso Murphy.
  Las diapositivas eran de MEDIO PASO. Una opción que tenía aquella cámara para sacar el doble de fotos con un carrete, pero por ello quedando a su mitad de calidad.
  Quedé rendido a mi mala suerte y esperé muchos años, hasta hoy mismo, con la esperanza de toparme nuevamente con el espectro.



  Muy posteriormente el “Nationa Geographic“ publicó las primeras fotografías que yo vi en color. Lastima que la mía no tuviera la calidad normal, por que hubiera sido publicada con mucha antelación. 
  Hoy día en Internet disponemos de múltiples imágenes, donde podemos apreciar este fenómeno, pero vivirlo en directo produce una satisfacción inolvidable.
  Que podáis verlo y SUERTE, que ahora con las digitales lo teneis mucho más fácil.

Fotos y dibujo del autor.

Manolo Ambou Terràdez

2 comentarios:

  1. Una maravilla de relato y la experiencia magnífica.
    Como siempre bebiendo de tus conocimientos.
    Muchas gracias.
    Un abrazo Manolo.

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  2. No lo llames mala suerte: no fuiste tan afortunado como para poder mostrar dichas fotos, pero si tanto como para vivir esos momentos. Como suele decirse, "menos da una piedra y encima hace daño".

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