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lunes, 25 de mayo de 2026

MIRANDO AL COSMOS




MIRANDO LA NOCHE

Aun recuerdo las noches pasadas con mi querido abuelo materno “Pepe el Molinero” mirando las estrellas en aquellas noches de verano con limpísimo cielo en el valle de Mira junto al molino del Sargal.


Aquellas luces puntuales que no se podían contar posiblemente me estaban mandando un mensaje, una llamada con sus guiños a que en algún momento de mi vida las observara con mayor detalle para conocer en su mensaje lo que escondían.

Ahora profundizo entre ellas y descubro las maravillas que me ofrece ese cielo profundo imposible de observar solo con nuestra vista, pero para ello está la tecnología con equipamientos desarrollados y de más fácil adquisición por la gran afición, cada vez mayor, por la misma curiosidad.


Si el día me ofrece la observación y el disfrute de este extraordinario raro y agraciado planeta que contiene vida, ahora la noche me muestra lo pequeño que somos ante la grandiosidad del cosmos que me obliga a comprender nuestro origen y donde acabaremos, “De donde venimos y a donde vamos”, y ya lo tengo muy claro: somos polvo de estrellas y volveremos a serlo, parte de esa materia oscura que observo en mis andanzas visuales por el espacio.


Nebulosa Cabeza de Caballo 


Es evidente que el cosmos evoluciona, está en formación, en expansión. Gran parte de la materia que lo conforma se agrupa o se expande a un ritmo que no podemos comprender claramente como humanos. Los tiempos y las distancias son tan grandes que no es posible asimilar por nuestro finito e insignificante futuro.


Sabemos ya que la galaxia Vía Láctea donde nos encontramos está siendo atraída por la de Andrómeda, que es diez veces más grande,  a una velocidad de unos 400.000 km / h y que se encuentra a 2 millones de años luz de distancia, con intención de  absorberla e integrarla, no sabemos exactamente, pues hay varias teorías. Sucederá dentro de unos 4.500 millones de años. Pero ese evento no creo que nos importe mucho, pues antes la expansión de nuestra estrella que ahora nos da la vida con el tiempo nos la quitará si aun antes no nos hemos destruido nosotros mismos, como vaticinaba Karl Sagan sobre nuestra mal usada inteligencia.

Me gustó la descripción que hizo como definía la vida el indio norteamericano Cheyene Pequeño Lobo: 

La vida es como el vuelo de una luciérnaga en la noche, el aliento del búfalo en invierno, y la débil sombra que se pierde sobre la pradera en la puesta de sol.


Quiero decir con ello que el sentido de tiempo que tenemos los humanos es tan insignificante dentro del tiempo cósmico que no es fácil de comprender. Si comparamos la edad de la vida en la Tierra, y no digo la del ser humano, es tan minúscula que me hace sonreír por no llorar, pero es así.


Galaxia M81Bode a 12 millones de años luz, a su derecha M82 Cigarro

En mis aventuras nocturnas entre las estrellas, buscando y contemplando todas esas materias que se agrupan y comprimen para en un futuro crear miles de estrellas más y todo lo que conlleva con ellas como planetas y sus satélites, o que se expanden por la explosión de alguna  supernova, demuestra que el cosmos está “vivo” , sigue bullendo a nuestro alrededor, olvidados aparentemente en nuestro delicado y agraciado planeta, agraciado por la suerte que tuvo al ser golpeado brutalmente por el protoplaneta Theia creándose la Luna, que al dejar de lado su eje con relación al Sol provocó las estaciones, evitando así que fuera inhabitable, una prodigiosa casualidad por ahora difícil de emular en otros sistemas solares. 

__¡Pero hay millones de estrellas en nuestra galaxia y fuera de ella tambien hay millones de galaxias más! __ Claro, pero a que distancias. 

La estrella más próxima es Próxima Centauri a  4,24 años luz lo que equivale a unos 40 billones de kilómetros de la Tierra, por lo que si allí se encontrara algún planeta con nuestra suerte nos sería igual, demasiado lejos para que si coincidiéramos con su momento de vida inteligente pudiéramos comunicarnos.


Esto es algo más que una teoría para mí, en parte lo contemplo cuando paseo en la noche entre las estrellas.


Fotografías: del autor.


Manolo Ambou Terrádez






jueves, 5 de septiembre de 2024

UN RETAZO ASTRONOMICO EN EL CIELO


America en el cielo profundo


Era un día caluroso de verano en pleno mes de agosto. Conforme avanzaba el día miraba al cielo con mucho interés, esperando que no aparecieran aquellas nubes tontas que, sin dejar una gota de agua, durante la noche pudieran velar al firmamento. Parecía despejado cumpliendo el pronóstico de una aplicación del estado del cielo que tengo instalada en mi teléfono móvil, que hoy día comparte y ayuda a mi deteriorada memoria. Las personas que me conocen saben de mi gran afición por la ornitología, por la observación de las aves, pero no deben olvidar que mi vida es una autentica miscelánea. Siento gran curiosidad (y necesidad) por conocer nuevos temas, que me abocan a aficiones diversas que enriquecen mi espíritu y satisfacen mi necesidad de evolución. Es como un deber imperioso ante el porqué de mi existencia. ¡Caramba! Estoy algo místico, pero sinceramente es mi filosofía de vida.Sigue despejado y pronto caerá la tarde dejando paso a la noche. Cuanto deseo la oscuridad.


  Tengo montado el equipo dirigido a la Polar, imprescindible para que la montura descubra, con las estrellas a su alcance, el lugar exacto donde el telescopio debe mirar. Esto originará que el ordenador astronómico pueda encontrar de forma exacta y sorprendente el objeto elegido en la sombria noche de ese cielo profundo. He elegido NGC 7000 que corresponde a la nebulosa América.


   El equipo comienza a moverse encarándose hacia el noreste y tras detenerse y comprobar que aparece en el atlas del programa, lo encuadro y luego de indicar el número de fotos que deseo que tome y el tiempo de exposición para cada una de ellas, compruebo la temperatura que debe alcanzar la cámara astronómica que esta vez es de -10ºC. 


   Se inicializa el programa.


  Confirmo que el tubo de seguimiento y su cámara trabajan correctamente, corrigiendo cualquier error que pueda cometer la montura ecuatorial. El programa de enfoque automático ronronea mientras realiza sus ajustes milimétricos con sorprendente precisión mostrándolos en su gráfico. Seguidamente aparece la confirmación de perfecto enfoque con un punto rojo y por fin, el equipo comienza a realizar las 50 fotos que le he pedido de 300 segundos de exposición cada una. Me quedo un par de horas observando que todo vaya correctamente y de paso, doy un paseo por ese cielo que es tan escaso como inmensurable para mí.   

   A la izquierda del telescopio brilla la Osa Mayor, a su derecha nuestra guía la Polar situada al final de la cola de la Osa Menor, que no puedo distinguir a causa de la contaminación lumínica de este lugar. Más a la derecha, tras una pinada, comienza a alzarse Casiopea mientras, la Osa Mayor desciende con ese círculo que sigue con su centro en la Polar. 


  Me he dormido emocionado en lo que mañana encontraré registrado en la memoria USB. Comienza a amanecer y tras asearme y sentirme completamente espabilado, corro al ordenador para insertar la memoria USB del registro de la noche. El procesado supondrá el 50% del trabajo, es algo que parece mágico. Primero elaboro un apilado (junto) las 50 tomas de 300 segundos cada una en una sola imagen. Después, poco a poco, con distintas herramientas iré rescatando esa imagen para configurarla, para darle realidad. Tras varias horas en tensión, emocionado espero el resultado y…

  • ¡Aquí estááá!


   Ese mundo real, ese espacio escondido entre las estrellas de nuestra galaxia aparece grandioso en la pantalla de mi ordenador y me deja perplejo por su inmensidad.

¡Cómo es de hermosa la imagen que contemplo!  



DATOS: Nebulosa de emisión en la constelación de Cygnus.

Deneb es la estrella que ilumina esta nebulosa.

Se calcula una distancia a la Tierra de unos 1800 años luz.


EQUIPO: 

-- Telescopio astronómico Ascar FRA400 (Quintuplete 72mm)

-- Tubo de guiado SvBony 

-- Cámara astronómica ASI 294 MC Pro

-- Cámara planetaria ZWO ASI 120 mm Mini (Para el tubo guía)

-- Filtro Optolong L-Pro (Para la contaminación lumínica)

-- Montura ecuatorial EQ6R PRO

-- Ordenador astronómico ASiair Plus

-- Enfocador automático ZWO EAF




Fofografía del autor.


Manolo Ambou Terrádez

miércoles, 1 de mayo de 2024

REFLEXIONES ASTRONÓMICAS

 
M42 nebulosa de Orión


CIELO MIRADO Y 
ADMIRADO

Toda mi vida ha estado vinculada a la naturaleza y por ello, he mirado ese cielo cambiante que nos envuelve y solo se deja ver en la noche con poca luna y exenta de nubes. Claro.
Cuando obtuve unos prismáticos no tardé en dirigirlos hacia las estrellas. Aprecié con más detalle agrupaciones de brillantes astros, las mismas que hace miles de años orientaron las personas en sus rutas nocturnas por mar y tierra o las situaban en las diversas estaciones anuales.

Galaxia Espiral M31 de Andrómeda, con un diámetro de 220.000 años luz,
visible a simple vista, se encuentra a 2,5 millones de años luz de la Tierra.


Crecí y me regalaron un telescopio reflector de 1000 mm con cierta calidad, pero no disponía de trípode con cabezal motorizado que siguiera la rotación de la tierra. La observación de sencillas agrupaciones estelares o de las Pléyades, Andrómeda u Orión, era incómoda. Se escapaban.

Pasó el tiempo y mi curiosidad y afición por la fotografía no disminuían. Me equipé con un pie ecuatorial que posibilitó la fijación de los objetos celestes y tras largas exposiciones, la cámara capturó nuevas imágenes de ese cielo tan querido y admirado.
Gracias a la tecnología que, a veces hace realidad los sueños, pude saber de estos elementos de extraordinario tamaño y belleza. Están escondidos entre las estrellas de nuestra galaxia y pese la contaminación lumínica he podido admirarlos, así que me he lanzado a esta aventura apasionante.

IC1848 Nebulosa de emisión del Alma en Casiopea a 7500 años luz,
con unos tamaño de unos 200 años luz.


El cielo se mueve y cambia de aspecto según la época del año. Bueno, es la Tierra quien se mueve en su recorrido planetario. Tambien los objetos celestes cambian de posición constantemente.

Pero el cielo es mucho más grande de lo que aparenta y encontrarlos no es nada fácil.
Salvo la galaxia Andrómeda y la nebulosa Orión, que se aprecian a simple vista, para los demás cuerpos dependeremos de la publicación de su posición por astrónomos profesionales. Necesitaba un listado con sus ubicaciones para orientar adecuadamente el equipo fotográfico.

Nebulosa planetaria IC-5148 La Nebulosa del Capullo de 15 años luz de anchura,
a 4.000 años luz de nuestro sistema solar.


La caza de los entes del cielo profundo ahora se ha simplificado. Como os decía, la tecnología ha facilitado estos encuentros.

Aunque soy consciente de ser un simple aficionado en la fotografía astronómica no dejo de practicarla. Comienzo a conseguir imágenes que, probablemente, mejoraran conforme pase el tiempo.

IC1805 Nebulosa de emisión Corazón, compañera de Alma,
con un tamaño de unos 300 años luz.
.

Cuando atrapo nebulosas escondidas y de bajísima luminosidad entre los millones de estrellas (200.000 / 400.000) de nuestra galaxia o restos de polvo y gas de las explosiones de estrellas moribundas como super novas, o material que comienza a concentrarse para formar nuevas y, con largas exposiciones consigo rescatarlas de la oscuridad aparente del cielo profundo, la emoción me invade.
Fotografiando la fauna y la flora, descubriendo nuevas (y anheladas) especies en la inmensidad de la sabana o la boscosa selva, también siento esa emoción, pero es diferente.

La caza en el firmamento aporta entes extraordinarios en forma, color, dimensión.... que desbordan la sensibilidad humana. Algunas galaxias lejanísimas superan en tamaño la Vía Láctea. Entre ellas se perciben espacios visualmente vacíos que aún confirman mejor la inmensidad del cosmos.

Galaxia M82, galaxia M81 Bodes y la M51 a la derecha.
A unos 12.000.000 años luz.


Mi limitada óptica las caza, pero son muy pequeñas, casi infotografiables, no obstante, las veo y me turban. Son hermosas.

Para conocerlas con más detalle, de momento, dependo de la extraordinaria óptica del telescopio espacial Hubble, que orbita en el exterior de la incómoda atmósfera terrestre. (1990)

Me alegro de estar viviendo esta nueva experiencia, de los conocimientos que poco a poco voy adquiriendo respecto a la astronomía. Los que me conocéis ya sabéis que soy curioso y que me ha gustado ( y sigue gustándome) hacer realidad mis empeños.

Fotos del autor  (A la espera de acumular más horas de exposición)

Manolo Ambou Terrádez








martes, 19 de diciembre de 2023

MI ENCUENTRO CON PLÉYADES


UN POCO MÁS DE ASTRONOMÍA


Es otra noche oscura, sin nubes ni luna. El cielo brilla con su propia luz, sin el reflejo de la contaminación lumínica. No hay luz humana artificial, generalmente mal orientada, desacertada...

En el monte hace frío. Una suave brisa roza mi rostro. He acampado al aire libre. Hago vivac. No me gusta dormir cubierto mientras no haya riesgo de precipitaciones atmosféricas. Dentro del saco de dormir, acogido por el suave y ligero plumón, contemplo el cielo a través de un espacio abierto ante mis ojos. Temo dormirme en mi relajante inmovilidad pese a los desesperados meteoros que, brillando, atraviesan el espacio con más o menos duración, dependiendo de su masa. Pero esto es solo un regalo extra del cielo. Centro mi atención en descubrir la geometría de las constelaciones que tengo ante mí y que dan vueltas al eje polar. Pero esta noche hay muchísimas estrellas que casi las ocultan. El cielo está más bien blanco, aprecio muchas más estrellas que nunca. Hace muchos años que no contemplaba un cielo tan luminoso, me emociona, hasta me da escalofríos esta extraordinaria visión. Estoy algo turbado.


Esta situación emocional me trae recuerdos de juventud junto a mi abuelo: es verano, estamos recostados sobre un montón de paja en la era del molino, cubiertos con una manta, contemplando el firmamento en aquel valle de Mira. 



El molinero se admiraba de lo que debería haber allí en lo alto, tan lejos, con aquellas marcas brillantes que parpadeaban de forma picarona, incitándonos a que habláramos de ellas. ¡Que silenciosas se mostraban tantas noches ante la indiferencia de gran parte de la humanidad!

Pero nosotros les hacíamos caso, las admirábamos.  

Más tarde, en mi afición por el montañismo, en muchas ocasiones me orientaron. Me acompañaban. Las conocía.

Ya entonces soñaba en una noche como esta para mirarlas con un telescopio. Con una óptica adecuada, me pasearía entre ellas para apreciar aquellos cúmulos estelares que se agrupan especialmente en la banda más brillante que recorre el cielo, en la Vía Láctea. El Camino de Santiago, que decía mi abuela.

Y ese día llegó, algo tarde, pero llegó. Era una noche de diciembre muy fría. Estaba solo con un modesto telescopio reflector de 1000 mm. Ya había orientado su montura al norte, hacia la estrella polar y ahora, podía realizar un seguimiento manual sin que se me perdiera el objeto elegido.


El inmenso cielo estrellado nos confunde a la hora de dirigir nuestro telescopio. Hay tantas maravillas escondidas entre las estrellas.

Después de unos inciertos paseos por el cielo, pues no sabía dónde dirigirme ante tal cantidad de estrellas, opté por conducirlo a una graciosa y pequeña constelación, pero con gran personalidad, que mi querida abuela llamaba Las Cabrillas. La constelación que casi se aprecia mejor de reojo que si le dirigimos fijamente la mirada. 

Se trataba de la M45 Pléyades, Las siete hermanas, una agrupación estelar abierta muy bonita formada por estrellas jóvenes. A simple vista solo se aprecian siete estrellas, pero al mirarla con el telescopio me sorprendió.


Pléyades o Las siete hermanas, este cúmulo estelar que contiene estrellas calientes muy jóvenes en la constelación de Taurus a 444 años luz de la Tierra.

La tenía ante mi ojo brillando potentemente entre numerosas estrellas más pequeñas. Solo conocía el nombre de su estrella central superior, Electra.


Estaba fascinado. Había entrado en otro mundo. Poco después cambié de ocular y dirigí el telescopio a una pequeña zona donde aprecié multitud de estrellas muy pequeñas y muy próximas unas de las otras. Repetí mi acción con un tercer ocular, el más potente, y se multiplicaron enormemente en aquel diminuto espacio del cielo. Me separé del telescopio y contemplé el resto del firmamento. Dirigí la vista hacia los cuatro puntos cardinales y comenzaron a temblarme las piernas. Estaba emocionado. Aquella observación me había dejado más pequeño respecto a la realidad, mucho más pequeño de lo que hasta ahora creía. Desde aquel momento, el infinito estaba más lejos para mí, mucho más lejos.

Ya no pude desprenderme de aquel hechizo y trato de plasmar en fotografías (mi gran afición), aquellos hermosos rincones del espacio de las frías noches de atmósfera limpia. 

Posteriormente averigüé que tipo de tecnología se requería para realizar el seguimiento a los diferentes objetos celestes que, fielmente, aparecían conforme avanzaban los meses del año.


Y por fin, ya equipado, llegó el momento de iniciarme en ese mundo del cielo profundo. Los objetos a los que me refiero, únicamente podremos descubrirlos y fotografiarlos tras largas exposiciones de muchas horas de imágenes apiladas. Solo telescopios profesionales con óptica de grandísima luminosidad lo harán posible.

Una montura ecuatorial motorizada que gira a la velocidad del cielo, (bueno, quien gira es la Tierra), una cámara astronómica capaz de enfriar al sensor diversos grados bajo cero en largas exposiciones, un tubo guía con una pequeña cámara (también astronómica), conectada a un ordenador que corrige los fallos de seguimiento de la montura ecuatorial, permitiendo así

exposiciones de cientos de segundos, y uno de mis objetivos habituales para capturar la fauna.

El ordenador astronómico busca el objeto elegido y nos deja todo a punto para comenzar la sesión fotográfica. Necesitará varias horas hasta recoger la tenue luz que emiten los entes del cielo profundo. Después, poco a poco, aparecerán las imágenes maravillosamente escondidas entre las estrellas: galaxias, nebulosas y cúmulos estelares.

Pero aún no he terminado. Falta procesar todas estas tomas. Es muy técnico, muy complicado, requiere el aprendizaje y manejo del programa astronómico mencionado, el cual ha de: apilar todas las imágenes capturadas, eliminar deformaciones atmosféricas y conseguir la nitidez y el color real de cada elemento sin gradientes que lo deformen.

Yo aún soy un novato, pero poco a poco voy aprendiendo y obteniendo mejores resultados. 

Envenenado y prisionero por mi curiosidad, ahora he quedado embriagado para siempre. 


Buenas y oscuras noches, amigos.


Fotografías del autor.


Manolo Ambou Terrádez

martes, 8 de septiembre de 2020

ESCAPADAS ASTRONÓMICAS 3ª

M45 Pleyades

 


OTRA NOCHE DE

 ASTROFOTOGRAFÍA


En esta ocasión y viendo las condiciones de luna oculta de esa noche, invité a Antonio Vela y a dos grandes amigos más: Vicente Romero y Carlos Oltra, para que nos acompañaran para ver como trabajábamos con el equipo de seguimiento, y de paso, sacar fotos de la Vía Láctea, que no requería ningún equipo especial, salvo la cámara, un objetivo de pocos milímetros, el imprescindible trípode, y un básico conocimiento sobre los tiempos de exposición a emplear, según el objetivo a utilizar.


Sin dudarlo se apuntaron, así que partimos en dos coches, respetando las normas de seguridad establecidas para evitar la dichosa pandemia.

Esta vez el cielo estaba inmaculado, ni una sola nube a la vista, la noche prometía.


Acudimos al lugar que yo ya conocía por Juanma, y allí nos juntamos con una pareja de grandes aficionados a la astronomía, pero especializados a la astronomía planetaria: Luis y María Jesus.




Esperaban la aparición de Marte Equipados con un Echmidt Cassegrain Celestron C11 de 2800 mm de distancia focal y 280 mm de espejo, con una cámara ZWO ASI 290 mm; casi nada.


Al poco de oscurecer apareció ante nosotros la impresionante Vía Láctea y mis compañeros comenzaron a fotografiarla a mis espaldas, por que yo estaba orientando mi equipo a la Polar, para realizar tomas de cielo profundo, donde a simple vista no conseguimos advertir las maravillas que se esconden en la oscuridad entre las estrellas.




Vicente tuvo un desgraciado problema, causado por la improvisada escapada, se quedó sin batería y ni siquiera pudo estrenarse; qué lástima. Noches tendremos para vengarse. Ahora ya aprendió la mecánica para fotografiar tan espectacular aparición en aquel cielo que parecía caeremos encima con todas sus constelaciones.


Una vez instalado mi equipo, comencé a localizar nebulosas y a la vez realicé unas fotos a la Vía Láctea, que se salía del cielo.


Carlos, que había traído su Nikon de 500 mm, aprovechó mi instalación y comenzó a probar con su estupenda cámara la galaxia de Andrómeda y algún otro cúmulo, que lo dejaron enganchado en esta modalidad fotográfica como a mí, para siempre, y si no al tiempo.


En esta inmensidad del universo que nos rodea, entre las estrellas se esconden para nuestra pobre vista numerosos objetos celestes maravillosos, que con técnica, íbamos descubriendo con nuestras ópticas, esas maravillas reservadas solo para los astrónomos profesionales o aficionados, como nosotros.


Seguíamos los objetos mencionados por Messier, aconsejados por Luis. 


La M8 nebulosa de la Laguna

Cada vez que aparecían en nuestra pantalla nos quedábamos emocionados, con la esperanza de verlas en el ordenador al día siguiente, como si fueran pájaros, los pájaros de las estrellas.


En una de mis visitas, de algunas semanas anteriores me reuní con un buen grupo de aficionados en este mismo lugar, superequipados, que me ayudaron a resolver algunos problemas, dado mis básicos conocimientos. Allí pasaban la noche cada uno con sus trabajos particulares, en un ambiente singular de astronomía que yo nunca había tenido ocasión de vivir.

Me enseñaron resultados que me dejaron boquiabierto. Especialmente los de Luis Farinós, de Júpiter, Saturno y Marte, espectaculares. No sabía que se pudiera sacar semejante calidad de detalle desde la Tierra. Quedé asombrado.




Pero mientras, a mi espalda, trabajaba yo con mi sencillo equipo, un joven, Alejandro Vera, como monitor de la noche, guiaba a tres grupos familiares. Con sus relatos y explicaciones, los guiaba por el cielo con su puntero láser, mostrándoles los detalles con el telescopio. Contaba relatos de las estrellas, de los planetas, de las constelaciones, de los cúmulos y galaxias, que dejaron asombrados al grupo, y a mí. 


Aquello era una actividad magnífica, estupenda, de gran interés para realizar en grupo, y que aportan a estas poblaciones olvidadas en la Serranía nuevos visitantes, los visitantes de la noche.


Fotos del autor.


Manolo Ambou Terrádez