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martes, 24 de junio de 2014

POR LA SELVA

Bromelia
LA SELVA 
(La realidad)

La enorme vegetación me envuelve y no me deja ver el cielo.
Infinidad de plantas y árboles se alzan y me esconden en un sin fin de formas y tonos verdes.

   Las bromelias   acumulan el agua de la lluvia en el fondo de sus hojas, donde yacen los cadáveres de pequeños animales que aportarán así los minerales que necesitan. Las orquídeas, entre otras plantas,  se agarran a cualquier resquicio de la vegetación y acampan descaradamente entre lianas y raíces, ocultando la desnudez de los árboles con una postiza envoltura. Aun que no es la época de floración de las orquídeas, la selva nos regala alguna sorpresa con la luz de algún ejemplar.
   Las flores de las heliconias rompen con su color rojo la  maraña de las sombras y de tanto verde. Unas son pendulares y otras erectas. 
   Reconozco allí algunas plantas de hojas preciosas, que tenemos en el interior de nuestras casas.
  Los inquietos colibríes liban en las etlingeras (o bastón de emperador rojo) que florecen en los escasos claros, por donde milagrosamente entran los rayos del sol  por el desplome de alguno de los árboles dominantes. Pero será por poco tiempo. Numerosas semillas que han germinado, comienzan ahora su carrera hacia la luz, hacia el cielo, libres de la sombra del gigante.
 Algunos phyloendros trepan por los troncos de los árboles emergentes, alcanzando el techo de la selva a decenas de metros sobre mi cabeza.
El suelo casi no se ve y debo vigilar donde pongo mis pies, pues hay posibilidad de pisar algún ofidio venenoso que podría poner en peligro mi integridad.
  Los oídos están muy atentos para ser capaces de apreciar cualquier sonido fuera de los que emite la selva de forma monótona. Será la manera de descubrir esa fauna que queda oculta comúnmente tras la densa vegetación. Alguna hoja seca que cae desde lo alto con cierto escándalo me pone en guardia, pero nada, sigo mi camino atento.
   Estamos a 30º c, pero la niebla envuelve este escenario y la gran humedad me provoca una enorme sudoración que deja mi ropa empapada. Debo asumirlo y olvidarlo. Un pañuelo envuelve mi cabeza y así desvía las gotas de sudor que amenazan en entorpecer mi visión, y la necesito. 
 Diversas ranitas de llamativos colores huyen a mi paso escondiéndose entre la vegetación muerta, al igual que los cienpiés, las arañas y otros insectos.
  Un reguero de hormigas transportan trozos de hojas cortadas, sobre una rama tumbada en el suelo como camino despejado a su hormiguero.
   Plataneros, cocoteros, árboles del cacao, del pan y tantos otros, ofrecen sus frutos a esa numerosa fauna que casi no logro ver, solo la escucho a mi alrededor.
  Una iguana se precipita con enorme escándalo por una rama próxima ante mi presencia sobresaltándome. Debe ser muy grande.
   Un bulto más oscuro en la fronda superior me llama la atención. Con la cámara aprecio que es un perezoso, pero está inmóvil, parece dormido.
   Gritos poderosos rompen el ruido de la selva. Proceden de unos enormes árboles, me revelan la presencia de una familia de monos aulladores que deben haberme localizado.
Una enorme mariposa, pasa ante mí ignorándome y se posa sobre los restos de frutos semidevorados por algún animal. Es de color pardo con unas manchas oscuras que imita a los ojos de alguna fiera.
   La humedad que desprende mi cuerpo empaña  mis gafas cada vez que me acerco la cámara para sacar fotografías. ¡Paciencia!
Algunas oropéndolas de moctezuma emiten sonidos poderosos que aumentan el misterio en la fronda del techo de la selva. Ahí es donde se encuentra la auténtica vida; donde están las flores y frutos; por donde planea la rapaz poderosa que busca algún desprevenido mono araña. ¡Esa cría inexperta y descuidada!
   He ascendido por una pendiente y ahora consigo apreciar desde aquí la parte superior de la selva. Varios gigantescos árboles están floridos y otros más grandes han perdido sus hojas. Parece un mar esmeralda.
     Vuelvo a sumergirme en la espesura y pocos minutos después alcanzo un gran claro. Comienza a llover suavemente y se produce una revolución en las aves. Parece que estaban esperando algo de fresco para salir de sus posaderos,  apareciendo ante mis pasmados ojos.
Son especies que jamás había visto. Están adornadas con colores rabiosos y emiten sonidos desconocidos para mí; pero poco a poco comienzo a distinguirlos y a relacionarlos. Así, de esta forma, puedo conocer o adivinar esa vida del interior de la fronda. Y como fondo, un sinfín de sonidos monótonos de grillos, chicharras y posiblemente ramitas. ¡Toda una orquesta!
   Me acerco a la orilla de un riachuelo, espero que no tenga caimanes. Desciendo hasta él por una fuerte pendiente embarrada mientras me sujeto a algunas plantas en mi camino sin saber si podrán dañar mi manos; pero qué remedio.
Debo de estar bajo una especie de higuera altísima y me caen muy cerca sus gruesos y pesados frutos con gran estruendo, golpean las hojas, el agua y el suelo; por suerte, aún no me han alcanzado.
   Un basilisco huye ante mi presencia corriendo sobre las aguas. También lo hacen dos galápagos que se sumergen precipitadamente. Al fondo, sobre un tronco incrustado en una orilla, descubro una pareja de ibis negros (se que los hay de color rojo, deben ser fantásticos). Algo más cerca un martín pescador sobre el agua golpea su presa en una rama. Todo está en la penumbra.
   Un bando de escandalosas cotorras me sobrevuelan.
   Pero mi sorpresa se produce al descubrir un búho bajo la fronda de un mediano árbol. Inmóvil me mira fijamente. ¡¡Estupendo!! Esto me permite fotografiarlo a baja velocidad sin que salga movido.
   Instalo el trípode y….¡¡Bien!! Ya lo tengo.
Cuando llegue al alojamiento lo buscaré en la guía de aves, pues desconozco la especie al igual que los otros pájaros que he fotografiado.
   Prosigo por una estrecha senda no se si hecha por el hombre o por los animales.Voy con mucho cuidado mirando especialmente desde el suelo hasta los dos metros de altura, donde podría encontrarme con alguna serpiente poco amiga; pero no descuido el resto de donde salen ruidos y cantos curiosos incapaz de descubrir a sus autores. Siento una sensación emocionante, de misterio.
   Un grupo de pécaris pasan cerca de mí como si no hubieran sentido mi presencia, andan muy seguros.
   ¡¡Caramba!! Cómo se nota que es un parque y aquí no deben cazar.
   Sigo internándome hacia un nuevo claro y descubro un pavo que llevo delante que no abandona la senda. Lástima que esté tan oscuro, pero disparo unas fotos con la esperanza de tener algo de suerte. Ahora sorprendo a dos especies mas de estas corredoras comiendo bayas; parece que se ha corrido la voz del estado de estos pequeños frutos y las comen ávidamente.
  Las guayaba equipadas con enormes gambas a modo de contrafuertes, soportan en el suelo su altivo porte que se pierde en el techo de la selva para dominarlo. ¡Son las columnas de esta inmensa catedral!
   Enormes bambúes me rodean y escucho los gritos de tucanes que aún no los he podido ver de cerca; ya los pillaré en algún otro árbol que aún tengan frutos o semillas para comer.
   No se cuanto tiempo llevo andando y espero tener memorizado mi recorrido. Me parece escuchar una tormenta así que doy media vuelta y me apresuro en mi regreso acelerando el paso sin dejar de vigilar el lugar donde piso.
   Vuelven a protestar los monos aulladores. Les debe alcanzar ya la lluvia como a mí. No se si salgo de un sueño o de otra realidad.




Algunas fotografías del autor:

Heliconia erecta

Las phyloendros trepan por los troncos
  
Orquídeas (¿)
Orquídea (¿)

Serpiente coral (Venenosa)
Es "RANA" (Rojo, Amararillo, Negro, Amarillo
Rana venenosa (Oophaga pumilio)


Rana venenosa (Dendrobales auratus)

Florisuga mellivora

   
  
Etlingeras (o bastón de emperador rojo)


La selva en un claro

   
Bambúes


  
Psarocalius montezuma (Oropéndola confecciona su nido)

  
Tangara larvata


Ramphocelus passerinii


Icterus dominicensis

Cyanerpes cyaneus
Mono aullador.


Chlorophanes spiza (¿)

Ibis negro
  
Galápago (Podocnemis  expansa)


Pulsatrix perspicillata
Pecaris

Pavo (¿)
  
Guayaba equipadas con enormes gambas.

  
Tucán pico iris (Ramphastos sulfuratus).




Nota: Sería muy interesante que algún lector pudiera aportar sus conocimientos, completando o corrigiendo los nombres científicos que difícilmente he podido encontrar desde España. 
Mi correo: mambou45@yahoo.es 
Muchas gracias de antemano.




lunes, 22 de julio de 2013

INCENDIO EN EL PARQUE DEL TURIA

                                                 
     






 ¡¡UF!!










Como en todos los veranos llegan los incendios a nuestros montes.

19 de Julio del 2013


   Provocados o no, terminan diezmando la vegetación que alberga la fauna, que sujeta el suelo, que ayuda a almacenar el agua, mas bien escasa, que suele caer por aquí.
   Desde que se declaró Parque del Turia, diversos incendios han agredido este espacio verde, por el que estamos preocupados en su conservación.
   Es un parque de largo recorrido, que partiendo desde el cauce viejo de Turia Valencia (España) alcanza aguas arriba la población de Pedralba a unos 30Km de la capital.
   Allí se encuentran los “Últimos Angostos del Turia”, compartidos también por Vilamarxant, donde el río acaba con su tortuoso viaje entre riscos, desde que se enclaustró entre paredes en las tierras del Rincón de Ademuz, en la Serranía, para alcanzar ahora el fértil y amplio valle que lo acompañará  hasta el Mediterráneo.
 
 El humo sale de los angostos del río al quemarse el cañar, alcanzando río arriba tos primeros pinares. 

   El incendio anterior del 2006 diezmó casi todo el pinar de su margen derecha en los términos de Vilamarxant y Pedralba y solo se salvó por suerte gran parte del de su margen izquierda.
   Pero el viernes a las 16h, cuando todo el mundo descansabamos, varios focos de fuego aparecieron en los cañares del río en los términos de Benaguacil y se extendieron como la pólvora río arriba por Vilamarxant, empujado por la brisa de levante.
   Parecía que las llamas tenían la intención de llegar hasta el pinar que se había salvado anteriormente en  “Los Ultimo Angosto del Turia” .
 
El fuego de la derecha asciende por la loma anteriormente quemada, sin ningún peligro, pues la brisa de levante  no le dejará avanzar.   Pero a la izquierda vemos este pequeño brote, al parecer controlado en la masa forestal que se salvó del incendio anterior. En este momento, la actuación de un Canadair hubiera sido crucial.

    Rápidamente las brigadas y algunos medios aéreos acudieron al lugar: varios helicópteros y un par de avionetas, que a eso de las 17 h consiguieron reducir las llamas en aquel intrincado lugar, tan difícil para las aeronaves y también para los bomberos de a pié.
   
Posiblemente solo faltaba una buena rociada de agua de los Hidroaviones Canadair, pero no llegaron.  Parece ser que no teníamos ninguno en Valencia.; estaban en Madrid, según me comunicaron.
   También me dio la impresión que las brigadas no debían conocer los accesos, pues no apareció nadie por las sendas que alcanzan aquel punto del pinar ahora con humo, sin llamas. Necesitaban un guía, los forestales del término. No entiendo como se les margina.   
Los Air tractor hacen lo que pueden pero requiere más acción.
   Así que el terreno vuelve a calentarse y de forma desenfrenada surge el fuego atacando la ladera del pinar convicto en el anterior incendio, empujado por una suave brisa de levante hacia lo alto, el camino del fuego.

 
El agua de los helicópteros y los pequeños aviones no consiguen hacerse con el foco y comienza el fuego a atacar al pinar del parque en dirección a Pedralba.


   El humo y las llamas progresaban dantescamente hacia Pedralba. Aquellas fuerzas aéreas ya no eran capaces de controlarlo.
   Ahora su extinción costaría mucho más para poderla controlar, cien, doscientas veces más, no lo se, pero muchísimo más.
 
 Numerosas fuerzas vivas acudieron a Pedralba. Ahora tendrían que trabajar a “pecho descubierto” sin el apoyo de los medios aéreos que deben trabajar conjuntamente con las brigadas de a pié, para poderse acercar a esos frentes, a ese infierno.

La población de Pedralba contempla la nube de humo sobre ella.
   
                            El incendio marcha hacia la población de Pedralba con inmensas y terroríficas llamaradas.

   Pronto se ordena el desalojo de las viviendas situadas en la margen derecha por precaución y milagrosamente no se tuvo que evacuar los vecinos de Pedralba, pues veían pasar la oscura nube de humo cada vez más densa.
La fauna comienza a huir y las rapaces se aprovechan.

El Kamof ruso sobrevuela el incendio junto a la espantosa torre de humo.
 

Llegó la mañana y la hora del apoyo aéreo con un buen número de aeronaves: Avionetas Air tractor, helicópteros Victor I y el Kamof con doble palas, pero faltaban los gordos, los más contundentes, los que cargan mucha más agua, los que darían más campo de acción para las sufridas brigadas metidas en aquel infierno.
   
El Victor I no cesa de realizar viajes.
Al amanecer la actividad es muy grande. Todo el mundo está luchando y los equipos se turnan en los ataques del fuego.  
A las 10 h 30´ llegaban los Canadair, el tiempo precioso que les debió costar en llegar desde Madrid.
   Ahora el refresco del monte es más efectivo y hacia el medio día ya se puede dar por extinguido los importantes focos y se pasa a la fase de refresco.
   
Dos Canadair darán la puntilla al incendio, para alivio de los bomberos.
   Regresamos a nuestras viviendas y corro a un alto para evaluar visualmente los posibles daños al Parque.
   Hemos tenido mucha suerte. Las laderas visibles que vierten sus aguas al río casi no han sido afectadas. El fuego ha corrido por las cumbres y las caras norte.
 Se han calcinado unas 78 Hectáreas, así que nuevamente hemos estado a punto de perder esta joya protegida que alberga también especies de fauna muy importantes.
   ¡¡UF…!! 

Fotografías del autor.

MANOLO AMBOU TERRADEZ