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martes, 24 de mayo de 2011

BUITRE COMÚN NADANDO EN “MARIPOSA”





Gyps fulvus 
MOJADITO 

   Llevo muchos años observando la naturaleza y disfruto enormemente cuando veo los vuelos majestuosos que realizan las rapaces, especialmente las grandes, con sus planeos impecables, que me dejan con el gusanillo de querer imitarlas con mi afición pendiente; “el vuelo sin motor”.
   Pero uno de mis viajes acerté a estar allí en el momento justo y… ¡perfectamente equipado!(aquí la ley de Murphy falló) para poderos mostrar algo insólito para mí: una de estas grandes rapaces flotando a medias con sus alas abiertas en mitad de un pantano.
   Yo pensé que aquella enorme ave, con cerca de dos metros y medio de envergadura, no sería capar de escapar del agua volando, como lo hacen otras grandes aves.
   Sus patas no estaban palmeadas para apoyarse en el agua y tomar el suficiente impulso para poder despegar, como lo hacen los Cisnes, Pelícanos o el ave con mayor envergadura de la tierra, el Albatros errante, con cerca de cuatro metros.
   Pero por si fuera poco para su mala suerte, una inoportuna calma chicha dejaba sin viento la superficie del pantano. La fuerza de una brisa podría haberlo empujarlo hacia una de las orillas. Pero nada de nada; el ave estaba peligrosamente inmovilizada sobre el agua.
   De pronto, sus enormes alas comienzan a remar, estaba nadando en mariposa.     Solo conseguía dar tres o cuatro aletazos seguidos y agotado, paraba, descansaba durante algunos minutos, terroríficos para nosotros. 
   Temía que las plumas se le fueran empapando y cada vez le costara más levantar las alas para dar aquellos aletazos sobre el agua.
   La orilla se encontraba a unos 200 m y por los descansos que realizaba dudé de  que fuera capaz de sacar las fuerzas necesarias para alcanzarla por sus medios.
   Rápidamente recorrimos con el vehículo la carretera que circulaba a lo largo del pantano, con la idea de localizar alguna embarcación y a la vez, intentar encontrar alguna autoridad, pero era medio día y no había un alma por la zona.
   Regresé inquieto, viendo que la única posibilidad que tenía de salvar al animal sería tirarme al agua y con algún trapo, poderle tapar la cabeza, calmarlo e inmovilizarlo. Lo que tampoco tenía muy claro si esto sería posible, pero habría que intentarlo.
   Pero el problema lo estaba resolviendo pacientemente el propio animal.
   Durante mi ausencia, había llegado a recorrer unos  ciento cincuenta metros y ahora solo le quedaban cincuenta. Así que, sin acercarme a la orilla para no asustarlo, fui controlándolo de lejos con los prismáticos los movimientos casi agónicos de aquella ave, fuera de su medio.
   Los minutos se me hacían eternos. Temía que desfalleciera.
   Poco a poco se fueron parando más vehículos curiosos ante nuestra expectación y contemplaban el desarrollo de aquel drama, que tan mal cariz tenía.
    Como los prismáticos no eran suficientes para apreciar ahora las dificultades reales del ave, monté rápidamente el telescopio terrestre. Parecía muy cansado, pero aún flotaba lo suficiente para seguir en su empeño.
   Yo estaba mentalizado para lanzarme al agua, si aquella situación lo hubiera requerido. Pero por suerte para todos, aquel inmenso buitre tuvo suficiente fuerza para alcanzar la orilla, a la hora y media de que lo descubrieramos flotando en mitad de las aguas del pantano trampa.
   Ahora estaba ya junto a tierra firme, pero faltaba que tuviera aún suficientes fuerzas para encaramarse sobre las piedras fuera del agua.
   Pasaron unos minutos interminable, y el buitre, con un extraordinario esfuerzo logró su objetivo.
   Sin podernos contener, todo el grupo de observadores, rompimos en vítores y aplausos. Contentos y sonrientes fueron pasando por mi telescopio, para ver de cerca aquel héroe de pluma en pecho.

Manolo Ambou Terradez

(Fotos y vídeo del autor)