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| Colirrojo tizón macho |
El COLIRROJO TIZÓN
Estaba entrando el invierno. Había llegado el tan anhelado
fin de semana y nos fuimos a mi casa de Pedralba, cuando entramos al comedor y al encender la luz, un revuelo se produjo en la sala. Un pájaro, completamente oscuro y con la cola rojiza, revoloteaba a nuestro alrededor con
suspensiones de colibrí, asustado por nuestra presencia.
Debió entrar por la chimenea y estaba completamente
tiznado de hollín, menos la cola. Temíamos que ensuciara todo los lugares por
donde se posaba.
Emitía de vez encunado un chic, chic, crujiente, como si se
golpearan cantos rodados.
Nos movíamos suavemente para no asustarlo y se posaba tranquilo en todo aquello que sobresaliera en
lo alto de la estancia.
Encendimos la luz del porche y al apagar la del comedor,
salió con su vuelo sostenido hasta allí fuera, para desaparecer en la oscuridad
de la noche. Ahora había cobrado su libertad.
Una semana después, cuando abrimos la puerta del porche, un
pájaro entró silencioso a nuestra estancia.
También tenía la cola rojiza, pero su cuerpo era más bien
gris. Parecía el mismo pero ahora limpio y se comportaba como aquel tiznado en
su aventura por la chimenea.
Después de estar un buen rato recorriendo las habitaciones iluminadas, de mirarnos atentamente y siempre acompañado de movimientos de
flexión de patas y cola, que parecían características de esta especie, salía nuevamente
al porche, para posarse sobre una columna, donde pasó la fría noches; era
su posadero.
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| Colirrojo tizón hembra |
Pasaron los meses y siempre se repetía lo mismo, entraba un
ratito al comedor, se recorría toda la estancia y volvía a su lugar de
descanso.; parecía que nos saludaba.
Al llegar la Primavera se marchó. Seguramente a tierras más
altas, donde gustaba anidar y nos quedamos solos.
Pero esto siguió sucediendo durante muchos años y ya formaba
parte de los cambios de estación, de hecho coincidía con la caída de las hojas.
Una de esas temporadas, descubrimos dos en nuestro porche:
uno grisáceo como siempre, pero también había otro tiznado como aquel de la
chimenea; no estaba sucio, por lo visto, era así.
Para entonces, mis conocimientos sobre ornitología habían
aumentado y disponía de guías que me aclararon aquella diferencia.
Se trataba de una hembra y un macho de Colirrojo tizón (Phoenicurus ochuros). Su diformismo
sexual se centraba en su librea: la hembra grisácea y el macho más negro con
tonos blanquecinos. Es una ave insectívora de zonas altas, que con el mal
tiempo busca zonas más templadas, para resguardarse del duro clima y también
para localizar insectos que lo alimenten en esa dura época.
Años más tarde, me aficioné a la fotografía de fauna, y aun
que intenté sacarles algunas fotos, estas eran impresentables.
Pero ahora si. Ahora lo he conseguido para vosotros.
Espero que os guste este tiznado.
Fotos del autor.
Manolo Ambou Terrádez

