La enorme vegetación me envuelve y no me
deja ver el cielo.
Infinidad
de plantas y árboles se alzan y me esconden en un sin fin de formas y tonos
verdes.
Las flores de las heliconias rompen con su color rojo la maraña de las sombras y de tanto verde. Unas son pendulares y otras erectas.
Reconozco allí algunas plantas de hojas preciosas, que tenemos en el interior de nuestras casas.
Los inquietos colibríes liban en las etlingeras (o bastón de emperador rojo) que florecen en los escasos claros, por donde milagrosamente entran los rayos del sol por el desplome de alguno de los árboles dominantes. Pero será por poco tiempo. Numerosas semillas que han germinado, comienzan ahora su carrera hacia la luz, hacia el cielo, libres de la sombra del gigante.
Algunos phyloendros trepan por los troncos de los árboles emergentes, alcanzando el techo de la selva a decenas de metros sobre mi cabeza.
El suelo casi no se ve y debo vigilar donde pongo mis pies, pues hay posibilidad de pisar algún ofidio venenoso que podría poner en peligro mi integridad.
Los oídos están muy atentos para ser capaces de apreciar cualquier sonido fuera de los que emite la selva de forma monótona. Será la manera de descubrir esa fauna que queda oculta comúnmente tras la densa vegetación. Alguna hoja seca que cae desde lo alto con cierto escándalo me pone en guardia, pero nada, sigo mi camino atento.
Los oídos están muy atentos para ser capaces de apreciar cualquier sonido fuera de los que emite la selva de forma monótona. Será la manera de descubrir esa fauna que queda oculta comúnmente tras la densa vegetación. Alguna hoja seca que cae desde lo alto con cierto escándalo me pone en guardia, pero nada, sigo mi camino atento.
Estamos a 30º c, pero la niebla envuelve este escenario y la gran humedad me provoca una enorme sudoración que deja mi ropa empapada. Debo asumirlo y olvidarlo. Un pañuelo envuelve mi cabeza y así desvía las gotas de sudor que amenazan en entorpecer mi visión, y la necesito.
Diversas ranitas de llamativos colores huyen a mi paso escondiéndose entre la vegetación muerta, al igual que los cienpiés, las arañas y otros insectos.
Diversas ranitas de llamativos colores huyen a mi paso escondiéndose entre la vegetación muerta, al igual que los cienpiés, las arañas y otros insectos.
Un reguero de hormigas transportan trozos de hojas cortadas, sobre una rama tumbada en el suelo como camino despejado a su hormiguero.
Plataneros, cocoteros, árboles del cacao, del pan y tantos otros, ofrecen sus frutos a esa numerosa fauna que casi no logro ver, solo la escucho a mi alrededor.
Una iguana se precipita con enorme escándalo por una rama próxima ante mi presencia sobresaltándome. Debe ser muy grande.
Un bulto más oscuro en la fronda superior me llama la atención. Con la cámara aprecio que es un perezoso, pero está inmóvil, parece dormido.
Gritos poderosos rompen el ruido de la selva. Proceden de unos enormes árboles, me revelan la presencia de una familia de monos aulladores que deben haberme localizado.
Una enorme mariposa, pasa ante mí ignorándome y se posa sobre los restos de frutos semidevorados por algún animal. Es de color pardo con unas manchas oscuras que imita a los ojos de alguna fiera.
La humedad que desprende mi cuerpo empaña mis gafas cada vez que me acerco la cámara para sacar fotografías. ¡Paciencia!
Algunas oropéndolas de moctezuma emiten sonidos poderosos que aumentan el misterio en la fronda del techo de la selva. Ahí es donde se encuentra la auténtica vida; donde están las flores y frutos; por donde planea la rapaz poderosa que busca algún desprevenido mono araña. ¡Esa cría inexperta y descuidada!
He ascendido por una pendiente y ahora consigo apreciar desde aquí la parte superior de la selva. Varios gigantescos árboles están floridos y otros más grandes han perdido sus hojas. Parece un mar esmeralda.
Vuelvo a sumergirme en la espesura y pocos minutos después alcanzo un gran claro. Comienza a llover suavemente y se produce una revolución en las aves. Parece que estaban esperando algo de fresco para salir de sus posaderos, apareciendo ante mis pasmados ojos.
Son especies que jamás había visto. Están adornadas con colores rabiosos y emiten sonidos desconocidos para mí; pero poco a poco comienzo a distinguirlos y a relacionarlos. Así, de esta forma, puedo conocer o adivinar esa vida del interior de la fronda. Y como fondo, un sinfín de sonidos monótonos de grillos, chicharras y posiblemente ramitas. ¡Toda una orquesta!
Me acerco a la orilla de un riachuelo, espero que no tenga caimanes. Desciendo hasta él por una fuerte pendiente embarrada mientras me sujeto a algunas plantas en mi camino sin saber si podrán dañar mi manos; pero qué remedio.
Debo de estar bajo una especie de higuera altísima y me caen muy cerca sus gruesos y pesados frutos con gran estruendo, golpean las hojas, el agua y el suelo; por suerte, aún no me han alcanzado.
Un basilisco huye ante mi presencia corriendo sobre las aguas. También lo hacen dos galápagos que se sumergen precipitadamente. Al fondo, sobre un tronco incrustado en una orilla, descubro una pareja de ibis negros (se que los hay de color rojo, deben ser fantásticos). Algo más cerca un martín pescador sobre el agua golpea su presa en una rama. Todo está en la penumbra.
Un bando de escandalosas cotorras me sobrevuelan.
Pero mi sorpresa se produce al descubrir un búho bajo la fronda de un mediano árbol. Inmóvil me mira fijamente. ¡¡Estupendo!! Esto me permite fotografiarlo a baja velocidad sin que salga movido.
Instalo el trípode y….¡¡Bien!! Ya lo tengo.
Cuando llegue al alojamiento lo buscaré en la guía de aves, pues desconozco la especie al igual que los otros pájaros que he fotografiado.
Prosigo por una estrecha senda no se si hecha por el hombre o por los animales.Voy con mucho cuidado mirando especialmente desde el suelo hasta los dos metros de altura, donde podría encontrarme con alguna serpiente poco amiga; pero no descuido el resto de donde salen ruidos y cantos curiosos incapaz de descubrir a sus autores. Siento una sensación emocionante, de misterio.
Un grupo de pécaris pasan cerca de mí como si no hubieran sentido mi presencia, andan muy seguros.
¡¡Caramba!! Cómo se nota que es un parque y aquí no deben cazar.
Sigo internándome hacia un nuevo claro y descubro un pavo que llevo delante que no abandona la senda. Lástima que esté tan oscuro, pero disparo unas fotos con la esperanza de tener algo de suerte. Ahora sorprendo a dos especies mas de estas corredoras comiendo bayas; parece que se ha corrido la voz del estado de estos pequeños frutos y las comen ávidamente.
Las guayaba equipadas con enormes gambas a modo de contrafuertes, soportan en el suelo su altivo porte que se pierde en el techo de la selva para dominarlo. ¡Son las columnas de esta inmensa catedral!
Enormes bambúes me rodean y escucho los gritos de tucanes que aún no los he podido ver de cerca; ya los pillaré en algún otro árbol que aún tengan frutos o semillas para comer.
No se cuanto tiempo llevo andando y espero tener memorizado mi recorrido. Me parece escuchar una tormenta así que doy media vuelta y me apresuro en mi regreso acelerando el paso sin dejar de vigilar el lugar donde piso.
| Heliconia erecta |
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| Las phyloendros trepan por los troncos |
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| Orquídeas (¿) |
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| Orquídea (¿) |
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| Serpiente coral (Venenosa) Es "RANA" (Rojo, Amararillo, Negro, Amarillo) |
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| Rana venenosa (Oophaga pumilio) |
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| Tangara larvata |
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| Ramphocelus passerinii |
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| Icterus dominicensis |
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| Cyanerpes cyaneus |
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| Mono aullador. |
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| Chlorophanes spiza (¿) |
Nota: Sería muy interesante que algún lector pudiera aportar sus conocimientos, completando o corrigiendo los nombres científicos que difícilmente he podido encontrar desde España.
Mi correo: mambou45@yahoo.es
Muchas gracias de antemano.
Mi correo: mambou45@yahoo.es
Muchas gracias de antemano.

























