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martes, 6 de julio de 2021

AZOR 2ª parte


LOS OJOS DEL PIRATA DEL BOSQUE


Mi primera experiencia fotográfica con un Azor se frustró  en parte, debido a la depredación del nido por un ágil mustélido y me dejó pendiente un nuevo encuentro con este fantasma del bosque y como tal muy difícil de avistar.


Años antes, habíamos escuchado los sonidos que emitían los jóvenes azores desde el nido, lo que nos confirmaba la presencia en aquel pinar de esta escurridiza rapaz, de este espíritu del bosque.


Así pues, establecimos un plan para atraer a estos azores a un discreto posadero alejado del emplazamiento del equipo fotográfico, para que no sospecharan de nuestra presencia y lo bastante cercano como para que las cámaras pudieran captar a esta hermosa rapaz de las sombras.


Macho de Azor (Accipiter gentiles) con la espalda plomiza.

Ya he repetido muchas veces que la técnica estriba en confeccionar escondites (hides), lo suficientemente bien hechos para que la especie elegida no desconfíe de  nosotros, ya que ir detrás de ellas es algo agresivo y con improbable éxito, pues siempre tratarán de zafarse de nuestra persecución, ya que nos reconocen como lo que somos: Homo sapiens un cazador-recolector que históricamente ha ido a cazarlos con trampas, a palos, pedradas, flechazos o a tiros como hoy día. ¿Cómo no van a huir?

Solo hay algunas especies a las que tradicionalmente hemos respetado y por ello aceptan nuestra presencia, pero son pocas.

Cada especie adopta una distancia de seguridad que nos es muy complicado reducir, pues sólo es posible a base de equipamiento o ingenio.


Últimamente, la proliferación de adictos a la fotografía de naturaleza ha originado agrupaciones de fotógrafos o de observadores, propiciando incluso empresas que facilitan estas observaciones sin tener los conocimientos de campo tan importantes e imprescindibles hasta hace poco.




Habíamos montado un hide, hoy clásico, con forma de caseta pequeña camuflada, equipado con un cristal espejo, que impide que se nos vea desde el exterior.

Esta técnica es muy efectiva si el hide está bien emplazado. Solo hay que saber estar y atraer a la fauna que deseamos con el señuelo adecuado para ella: agua o su comida preferida. 


Era completamente de noche aún cuando nos instalamos en el interior del hide, pues sabíamos que el azor tiene costumbres crepusculares, gracias a sus ojos de color amarillo adaptados a la poca luz.


Silencio absoluto en el hide. Estaba instalado al borde del pinar, ante un gran espacio abierto de campos donde era probable que sus presas habituales, especialmente los conejos se expusieran buscando su alimento.

Nuestros oídos estaban atentos captando los sonidos de aquel ecosistema que despertaba. 

No tardamos mucho en captar su inconfundible “caiii caiii caiii…” procedente del interior de la pinada. No tardaríamos en verlo.


Como siempre, invadidos por la emoción, por nuestro deseo y envueltos por la natural incertidumbre nuestros ojos, más abiertos de lo habitual, trataban de descubrir cualquier movimiento en el estrecha franja de visión que nos permitía el hide y la aún tenue luz del amanecer.


Egagrópila de azor.


En nuestro interior, rogábamos que la rapaz esperara para aparecer a que hubiera  suficiente luz para poderlo fotografiar aceptablemente. Había emoción en el interior del escondite, de nuestro hide.


Como un fantasma apareció la rapaz por detrás nuestro para caer con seguridad y poderio sobre el conejo muerto que le habíamos ofrecido en el posadero.

Tenía un gran parecido con la hembra de gavilán. Sus ojos de oro buscaban con frialdad cualquier enemigo que pudiera molestarla. Duró varios minutos su atención hacia aquel ecosistema que tan bien conocía, su territorio y al fin desvió su mirada hacia la presa y fue entonces cuando tímidamente, nuestras cámaras, amortiguadas por el hide, comenzaron a trabajar en la penumbra de aquel amanecer.


Cuantas ganas tenía de poder estar nuevamente “cara a cara” con aquella singular rapaz. Era el macho, algo más pequeño y estilizado, pero posiblemente acudiría tambien la hembra, según nos había informado la cámara trampa, instalada varios días antes, por su sensor de movimiento. Una herramienta magnífica que desde hace algunos años utilizamos para el seguimiento de la fauna, tanto los biólogos como los fotógrafos de naturaleza.


La presa habitual de la mayoría de rapaces es el conejo.


Ahora estaba muy tranquilo sobre su presa y comenzaba a despedazarla para alimentarse, con intervalos de observación de obligado cumplimiento para su seguridad.


La luz de la mañana era ahora más potente, y pronto sus ojos amarillo cálidos brillaron en nuestras fotos, mientras su buche engrosaba con el almuerzo.


Con un revoloteo fugaz llegó también por nuestra espalda la hembra, que por la tranquilidad que mostraba su consorte, no tardó en alimentarse con las sobras que le había dejado su compañero. Era más grande que el macho, del tamaño de un Ratonero común, y con la espalda gris parduzca, diferenciada del gris plomizo del macho.


Las cámaras sonaban discretas, especialmente cuando alguna de las rapaces alzaba su mirada mostrando sus expresivos ojos de ámbar. Fueron muchos minutos de espectáculo, hasta que del conejo solo quedaron algunos huesos mondos y lirondos. Poco después volaron hacia el pinar, desapareciendo entre las sombras de la espesura, como fantasmas.


Miré a mis compañeros y me hicieron con la mano un signo de “conseguido”, completado con una gran sonrisa. Espectacular sesión. 


Fotografías del autor.


Manolo Ambou Terrádez

jueves, 16 de enero de 2020

SORPRESAS EN EL PRIMER CONGRESO PARA FOTÓGRAFOS DE NATURALEZA




UN TRABAJO DE CAMPO SINGULAR
El trabajo que realicé en el año 1983 en colaboración de Luis Santamaría y Carlos Durán sobre la nidificación del águila perdicera, en lo que más tarde se denominó Parque Natural del Turia, aun estando condicionado por los escasos medios de que disponíamos entonces,  causó un auténtico revuelo entre los fotógrafos de la naturaleza que asistían en Talavera de la Reina al primer congreso de AEFONA (año 1993) para, agrupándose, tratar de resolver los problemas que sufríamos, tantos los profesionales como los simples aficionados, con las editoriales y otros problemas  relacionados con esta difícil y rara actividad.

En aquel momento solo éramos unos ciento cincuenta fotógrafos que nos dedicábamos a esa actividad en toda nuestra agraciada Península Ibérica, en esa piel de toro que abarca un gran número de ecosistemas, paraíso europeo para todo aficionado que desee verlos, fotografiarlos o filmarlos.

 Nuestro gran amigo y prestigioso fotógrafo Herminio Martinez Muñiz, conocedor directo de nuestro trabajo, nos invitó a participar en aquellas jornadas, asegurándonos lo enriquecedor que sería para nosotros aquel contacto con la "crem de la crem" de los fotógrafos de naturaleza, esa especialidad tan compleja en la que modestamente nos habíamos metido.



Herminio nos indicó que todo el mundo podría presentar unas pocas fotos de su particular trabajo, con la intención de dar a conocer las técnicas que utilizaban, por lo que aprenderíamos mucho de todos estos maestro, así que elegimos unas diapositivas que enseñaran el nuestro. Y así lo hicimos.

Luis y yo, abrumado entre toda aquella peña de curtidos fotógrafos, nos limitamos a observar  unas maravillosas imágenes realizadas con envidiables equipos y caras películas y a escuchar los comentarios técnicos de su realización, a cargo de aquella gente con callos en su dedo índice.



Cuando terminó la exposición de la primera jornada, mientras Luis y yo comentábamos admirados lo que acabábamos de ver y escuchar, apareció nuestro amigo Herminio.

-- Pero, ¿cómo es que no habéis presentado las vuestras, como os indiqué?-- Preguntó con tono un poco enfadado.
--Haced el favor de entregarlas, que serán interesantes, ya lo veréis. -- Nos indicaba nuestro gran amigo, ducho en las lides que se barajaban allí.
-- ¡Pero Herminio: si nuestras fotos están sacadas con cámara y óptica de "chicha i nabo" Un zoom que baila cuando lo muevo, que me costó quince mil pesetas en Alemania! -- Le explicábamos al maestro, conscientes de la poca calidad de nuestras imágenes tras haber visto aquellas fotografías maravillosas, hechas con depurada técnica.
Pero él siguió insistiendo, convencido de la calidad de nuestro trabajo, eligiendo él mismo algunas diapositivas.

Al día siguiente, en aquel enorme salón se continuaron proyectando los trabajos de otros fotógrafos. Se habían mostrado ya unos quince magníficos trabajos, cuando nos llegó el turno.

Tras dos o tres fotos mostrando a las águilas perdiceras en su intimidad, al proyectar la siguiente, se vio como instalábamos el hide, y al comentar de qué iba, se revolucionó la sala.

Colgados sobre la gran pared instalamos nuestro primer hide para las observaciones a las rapaces.

La imagen mostraba nuestro trabajo colgados en medio de aquella impresionante pared, instalando nuestro hide a solo siete metros del nido, esa piedra artificial que nos acogería durante dos meses y en ese tiempo, poder estudiar a las rapaces durante su nidificación, incubación y el desarrollo de los pollos, nuestro verdadero objetivo.


Podemos ver el hide y la hembra en el nido incubando. ¿No?

Se oyeron algunos rumores cuando se vio la imagen en la que estaba el nido, y a solo siete metros nuestro hide de madera del año 1983. 
-- Si el nido con el águila incubando la vemos, pero el hide no. -- Me indicaba el director del acto y me rogó que saliera a la palestra para mostrarles el hide, pues nadie lo había descubierto aún. 

Mientras tanto, se escuchaba al fondo de la sala la risa inconfundible de  Herminio, responsable de aquella movida.


El hide de madera camuflado con la roca de su entorno.

Con un puntero les mostré el hide, e inmediatamente la sala hirvió en comentarios. Les aclaré que solo montamos estos hides mimetizado con el entorno para que no lo vieran los hombres, más que para las águilas, cumpliendo además con una condición muy estudiada e imprescindible, que siempre pudiéramos entrar y salir de ellos sin molestar a las rapaces, aunque estas se encontraran en el propio nido, lo que originó nuevos rumores en la sala.

Sabiendo la foto que seguía, comenté al público la enorme dificultad que tendrían otra vez para descubrir nuestro nuevo hide, realizado con fibra de vidrio y resina de poliéster, mucho más difícil de distinguir, debido a su impresionante mimetismo con la roca del entorno, y así fue.


Hide de fibra a 9 m del nido con dos huevos. ¿Si?

Un grupo de expertos y mandamases se encontraban sentados en primera fila, como siempre, estaban sorprendidos por el trabajo mostrado en la foto anterior. Uno de ellos no pudo aguantar más y levantándose de su privilegiado asiento dijo:

-- ¡Pues yo distingo la sombra, pero no veo el hide! -- Gritó desconcertado ante aquella nueva imagen.

La risa de Herminio de nuevo se escuchó en el fondo de la sala, pues él de antemano sabía que íbamos a sorprender con nuestro atrevido y espectacular trabajo, al parecer nunca visto antes.



Cuando lo señalé, la peña ya no pudo aguantarse más. Se puso en pié aplaudiendo y saliendo de sus asientos se acercaron para abrumarnos con sus felicitaciones y a pesar que faltaban todavía una decena de compañeros por exponer su trabajo se dio por terminado el acto.
Pero los más sorprendidos fuimos nosotros, ya que en ningún momento podíamos pensar que fuera tan innovadora nuestra técnica, imaginábamos que alguien más, en este mundo de aventureros, habría realizado trabajos parecidos, pero no era así.
Nosotros valorábamos todo el estudio que realizamos en la nidificación, pero no el método utilizado para ello, que resultó ser una novedad.

Montaje de la plataforma para el hide de fibra, instalado sobre el extraplomo a 60 m de altura y a 20m del acceso.

Todo el mundo estaba asombrado de nuestro circense y singular trabajo de campo pues, sin medios, habíamos logrado con repetidos éxitos, continuar con nuestra anual cita en la roca con aquellas águilas perdiceras, sin molestia alguna para las rapaces durante nuestras observaciones, y por supuesto, con la correspondiente autorización por parte de las autoridades.


Montaje del soporte primario de la fibra.

Ninguno de aquellos expertos, algunos de ellos internacionales, conocía de alguien que hubiera realizado un trabajo semejante y a tan corta distancia del nido, con un trabajo tan respetuoso con las rapaces y exitoso por los resultados, actividad que hemos repetido con éxito hasta la temporada de 2005, cuando mataron a la vieja hembra.

En el año 1984 montamos un audiovisual, en el que mostrábamos los resultados de nuestra primera experiencia, relatando aquella historia a un público interesado. Viendo la aceptación que causó aquel trabajo, en el 2018 me decidí a reescribirlo y lo publiqué en un modesto libro "CITA EN LA ROCA" de gran aceptación por sus lectores; este es nuestro premio, que agradecemos.


Fotografías de autor.

Manolo Ambou Terrádez


jueves, 4 de abril de 2019

CITA EN LA ROCA DEL 2019



36 AÑOS CON EL ÁGUILA PERDICERA

Nuevamente las águilas perdiceras del Parque Natural del Turia tienen dos nuevos aguiluchos.
Dos nuevas águilas que en menos de tres meses podremos verlas volar por estos cielos, si todo va bien.
Es el resultado de un cuidado esmerado con estas rapaces, que año tras año nos compensan con sus positivas nidificaciones, enriqueciendo de esta forma la fauna en la Península Ibérica, creando la oportunidad de ocuparse nidos hasta ahora abandonados.


Dos nuevos aguiluchos para el Parque Natural del Turia.

Es curiosa su lealtad con este entorno natural, con el nido elegido repetitivamente durante estos años,  equipado con nuestra cámara de vigilancia, que nos ha permitido realizar un seguimiento perfecto, tan de cerca, que de esta forma no se nos escapa ningún detalle de su intimidad, en sus costumbres, en sus enfermedades, o sus errores. 

El macho termina de traer un conejo.

Por ello seguimos aprendiendo con detalle sus presas,  que nos muestran de forma fiel, el estado actual de su enorme territorio, de nuestro entorno, como confidentes para describirnos  su fauna.

Lógicamente, capturan las especies más abundantes del momento, al disponer con ellas más oportunidades, así que si traen muchas perdices, los cazadores deben alegrarse, pues se han reproducido bien, y por ello debe celebrar la abundancia en esta especie.
Su nombre "perdicera" no tiene nada que ver con su especialización de caza,  que mas bien suele ser el conejo, común para todas las grandes y medianas rapaces.


La hembra ceba a los pequeños.

Esta especie de águila, a pesar de su tamaño, por su fisonomía tan especial, la convierten en una cazadora singular, que le permite capturar especies variadas, desde una rata a una pesada liebre.
Sus poderosas garras y especialmente su amplia cola le dan unas cualidades de sorprendente maniobra, que la asemejan al azor, y por ello ahora se le denomina águila azor perdicera.


Los pollos recién nacidos junto a los restos de una presa.

Desde que mataron a la vieja hembra en el 2005, y se formó nueva pareja en el 2010, han vuelto a elegir esta agraciada cárcava, y su lugar de nidificación, donde hacemos su seguimiento. 
Esta nueva etapa, y con la ayuda de la administración, nos han permitido instalar cámaras de vigilancia y así, ahora sin jugarnos el tipo, aprovechando esta nueva tecnología, podemos estudiarlas con gran detalle, sin perder un minuto de sus comportamientos en su nidificación, incluyendo la noche.


La cámara de vigilancia también trabaja en la noche.

Eso sí, todo ese gran número de tomas hay que visualizarlas minuciosamente, para seleccionar algún detalle que nos aporte algo nuevo de lo que pueda suceder en el nido. También es importante la visualización directa, que nos alerten del estado o peligros que les amenacen.

Gracias a la proximidad de la cámara para su vigilancia, estos últimas años hemos observado nuevos sucesos que nos aportaron y confirmaron algún detalle mas en su comportamiento. Nos desvelaron claramente el motivo por lo que el macho trae presas al nido horas antes de haber comenzado  a romper el huevo el primer pollo, o el motivo real de desestimar y retirar el  estómago e intestinos de ciertas presas, observado tantas veces; Siempre aprendemos algo nuevo.


La hembra retira el estómago e intestinos de los conejos y ratas.

Este año hemos sufrido las incursiones de los colombaires a la zona, obviamente restringida para los visitantes del Parque, debidamente señalizado, y solucionado su recorrido con dos alternativas rutas, que puso en peligro la incubación, al espantar a la hembra del nido por la presencia de la horda humana tras la suelta, y además apoyados por la intervención en su seguimiento con una avioneta que volaba  a muy baja altura sobre la zona de nidificación, sin permiso alguno de las autoridades que rigen el Parque.


El macho trae un conejo.

Esa ignorancia o error por parte del ayuntamiento de Pedralba que apoyó y promovió la competición, y el egoísmo absurdo de los aficionados a este "deporte" por celebrar la competición en pleno Parque Natural del Turia, a sabiendas de la presencia de rapaces, tanto halcones peregrinos como la conocidísima águila perdicera, tuvo consecuencias fatales. 
La hembra de la suelta, huyendo de la persecución de los numerosos machos que la acosaban, se dirigió al corazón del parque, seguidos por la horda formada por el jurado, propietarios de los palomos buchos y la intervención de la molesta avioneta, en la zona restringida del parque. 
Resultado: dos cotizados palomos, valorados en seis y siete mil euros, posiblemente cobrados por alguna de las rapaces. Menos mal que estos ejemplares no eran los más valorados.

Este "deporte" o afición de la colombicultura, interfiere absurdamente en numerosos espacios naturales de la Península, con consecuencias fatales, en su empeño por realizar las sueltas en lugares inadecuados sin control alguno. Y no quiero mostrar aquí mi opinión sobre esta extraña afición, que no tiene nada que ver con la colombofilia, pues esta trata de la cría de palomas mensajeras, y sus inocuas sueltas, que han servido a la sociedad por sus extraordinarias cualidades durante tantos años; en otro momento escribiré sobre ello y seguro que os sorprenderá.

Instalación de la cámara de vigilancia.

Supongo que Antonio de Córdoba, aquel lector de mi artículo "32 años con el águila perdicera" en el 2015, que dejó su opinión sobre este tema, se habrá quedado contento porque con nuestra nueva tecnología hemos dejado de observarlas "in situ", así ya no las molestamos: ¡Pues no! Ahora puede comprender su equivocación, ya que seguimos con intervenciones anuales, para investigar el estado de los pollos y sus anillamientos,  y a pesar de todo llevan siete años en el mismo nido.


Cámara de vigilancia instalada, domina completamente el nido.

Quiero resaltar, que estas actuaciones directas, requieren de saber estar, de conocer a fondo sus costumbres, de comprender su sicología; resumiendo, de experiencia.
Así que aprovecho para agradecer a las autoridades del Parque Natural del Turia, la "Consellería de Agricultura Medio Ambiente Cambio climático y Desarrollo Rural" de la Comunidad Valenciana, a la universidad veterinaria CEU Cardenal Herrera, y al imprescindible equipo de agentes forestales que forman el Grupo de Intervención en Altura (GIA), apoyado incondicionalmente por el Ayuntamiento de Vilamarxant. Gracias a todo este equipo por los excelentes resultados, y su buen hacer en el  seguimiento de estas rapaces.

Manolo Ambou Terrádez
















lunes, 10 de septiembre de 2018

ÁGUILA AZOR PERDICERA (CONTROL AL)





GRUPO DE INTERVENCION
EN ALTURA

   Esta vez quiero informar de una labor poco conocida que realiza un intrépido y concienciado grupo de agentes forestales en pro de nuestra naturaleza.

 Quien ha seguido mis controles al águila azor perdicera en el Parque del Turia sabrá que siempre ha sido con la imprescindible colaboración de Luis Santamaría, ese muchacho que con muy corta edad se unió en 1980 a mi proyecto; conocer con pelos y señales la vida de esta impresionante rapaz en sus largos días de estancia en el nido en su reproducción.
   Aquel proyecto vio la luz en 1983, y fue comunicado y relatado en documentación, audiovisual e impresión en libro con el nombre de “CITA EN LA ROCA” recientemente publicado.



   Nuestro control anual con estas aves fue y sigue siendo un éxito, y desde hace algunos años, Luis, convertido en agente medio ambiental, contribuye en su trabajo con una actividad muy importante para el seguimiento de estas rapaces, que sufren cierto retroceso en el número de nidificaciones en nuestra comunidad, afectando también en el resto de la península.
   Desde hace algunas temporadas que sigo los trabajos de su grupo de intervención y me siento obligado a que conozcáis su extraordinaria labor tan callada.

DESCRIPCIÓN
   En primavera, los agentes medioambientales con formación en trabajos en altura, pertenecientes al Grupo de Intervención en Altura (en adelante GIA) de la Comunidad Valenciana, nuevamente han participado activamente en el programa de análisis  de enfermedades en pollos de águila azor perdicera elaborado por el Servicio de Biodiversidad, en colaboración con la universidad CEU Cardenal Herrera y Universidad Católica de Valencia, y con la participación activa de los centros de recuperación de fauna de las tres provincias valencianas. El programa cuenta con el respaldo del director general, los directores territoriales, los jefes de servicio, etc.


   Para desarrollar con éxito su labor, en primer lugar, deben conocer al dedillo los lugares de intervención; en segundo lugar, deben tener en cuenta los ciclos de reproducción de cada pareja de águilas, que varían de una a otra pareja, pues en la intervención en el nido, los aguiluchos deben tener una edad concreta, entre 32 y 47 días (más adelante explicaré por qué). Por todo ello, se seleccionaron cinco nidos por provincia y centraron su trabajo en quince días de primavera, aun que no fueron elegidos al azar: Los Agentes Medioambientales y personal voluntario interesado por  lo que sucede en su entorno les comunicaron, entre otros valiosos datos, las fechas concretas de la posible intervención y los acompañaron en ese trabajo.


LA APROXIMACIÓN

   Se trata, en su mayor parte, de un terreno inestable por donde solo transitan algunas cabras o jabalíes.
   Una persona dotada con una emisora, capaz de guiar por los riscos y frondas al resto del personal de intervención desde una posición privilegiada (la ladera frente al nido), la figura del “agente número cuatro” u observador, a la que se alude de manera recurrente en los cursos de formación que imparte el Ministerio, resulta imprescindible si no se conoce el acceso exacto a la vertical del nido, pues de ella depende que no se metan en pendientes equivocadas y que encuentren lo más rápidamente posible la vertical del nido, donde colocar la cabecera o descuelgue.
   Una vez en la cabecera, como en un anfiteatro, cada uno tiene sus funciones de forma sincronizada.
   Se adaptan al medio ya que ninguna cabecera es igual. Los enseñaron bien en los cursos de formación. La experiencia  en este entorno es muy valorada, el golpe del martillo y la roca les da la pista para encontrar el lugar seguro donde poner el anclaje.
Junto al personal técnico y los veterinarios, en la cabecera siempre se queda uno o dos agentes, completamente comunicados y atentos a lo que sucede unos metros más abajo, en la vertical.

   Esas paredes no suelen estar limpias: vegetación con distintos portes y viejas rocas calizas a punto de desprenderse hacen que el primer agente que desciende al nido (posiblemente la primera persona que lo hace) extreme la precauciones al máximo, montando fraccionamientos si hicieran falta, colocando protectores  de cuerda en rocas afiladas como cuchillos o arrojando al vacío alguna que tenga aspecto de desprenderse cuando estén bajo ella. En esos momentos de aproximación, la adrenalina les sube sus niveles en sangre, aun que ello no consigue hacerles perder la concentración en ningún momento.


 LA LLEGADA AL NIDO

   Algunas veces es por su vertical y otras tienen que ingeniarse para desplazarse algunos metros hasta ese extraplomo. En esos metros parece que sudan más, pues hay unos ojos extraños que les están mirando.

   En la mayoría de casos, con la edad correcta, y según su experiencia, los pollos les observan casi inmóviles y, si su aproximación es sinuosa, así permanecerán hasta que les cubran con una tela para inmovilizarlos y seguidamente instalarles la caperuza de cetrería, garantizándoles una inmovilidad casi completa.

   Aquí es el momento de comentar que si se les calcula erróneamente la edad del pollo, por ejemplo, cincuenta días, durante la aproximación del agente, el animal puede verles como una amenaza y, confiando en sus alas, ya ejercitadas, se puede poner desafiante en el borde del nido, dándoles a entender que, si siguen acercándose, saltará del nido al vacío. Si por un mal cálculo ya son grandes, suspenderán la intervención y se retirarán del área de influencia a ese nido.
Paladar de un pollo con placa granuloma de trichomoniasis.

   Tras colocar las caperuzas, les vendan las garras de los pollos y se introducen en la mochila o petate para poder subirlos con cuidado por la pared vertical hasta la cabecera utilizando una cuerda o a espaldas de un agente si así lo requiere la orografía o la vegetación del lugar (arbustos, ramas, desplazamientos horizontales, etc.).
Si la distancia vertical desde el nido hasta la cabecera es larga y si el equipo está constituido por varios agentes, uno de ellos se posicione en mitad del recorrido controlando el ascenso de tan preciado petate.


TOMA DE MUESTRAS Y VUELTA AL NIDO
   Mientras el personal técnico y veterinario, en colaboración con los agentes medioambientales que permanecen en la cabecera, marcan y extraen muestras de la rapaz como indica el protocolo (frotis de la cavidad orofaríngea y anal, peso, anillamiento, etc.), los agentes que permanecen en el nido recolectan todo tipo de restos de presas (egagrópilas, deyecciones, plumas, etc.) con gran pulcritud: sabemos con certeza que en el laboratorio, muy lejos de allí, apreciarán su trabajo y sacarán muchos datos del estado de salud de estas aves. Siguiendo recomendaciones de compañeros de otras Comunidades, aquí, en la provincia de Valencia, dejan comida adicional, normalmente, aves.
  
Tras los análisis y marcajes, devuelven los pollos al nido, hasta que llega un momento clave: dejar a los animales bien encarados, quitarles las caperuzas (una maniobra que realizan en silencio) y luego abandonan el nido con la mayor brevedad posible.
   La cabecera quedará en su estado anterior a la intervención, sin dejar marcas de su presencia en la zona. Con posterioridad a tal actuación, verificarán el regreso de los adultos al nido y que su comportamiento es absolutamente normal.
   Este año, de los veinticuatro pollos que extrajeron en la Comunidad Valenciana, siete dieron resultados positivos en Tricomonas. Encontró presencia de Salmonella en cinco ejemplares y cuatro de ellos portadores de Campylobacter, resultados muy preocupantes, pues aumentó el número de estos microorganismos respecto a los análisis del año anterior.

Equipo de intervención. 

   Confiamos en que se reconozca al grupo de Intervención en Altura su extraordinario esfuerzo, su buen hacer en este y otros proyectos de conservación en tan peculiar entorno y pronto se les formalice la creación de este grupo, consolidando formación específica, humana y material en pro de una mejor conversación de algunas especies y de nuestro medioambiente.
¡Muchas gracias muchacho!

Fotos de Luis Santamaría Malde y del autor.

Manolo Ambou Terrádez