Creo que ya estáis acostumbrados a mi forma de apreciar lo que me rodea y siento por ello la necesidad de comunicaros todos estos artículos que pienso puedan interesar a alguno de mis lectores, por ello, con mi cámara en mano paseo por mi ciudad descubriendo algunos detalles en ella nada fácil de contemplar a simple vista, ¿recordáis las gárgola de la Lonja de la Seda en Valencia?
Cuando presencio las mudanzas en edificios altos que no disponen de escaleras ni ascensores amplios veo que ahora utilizan elevadores, capaces de alcanzar los 46 m de altura o lo que sería igual 16 pisos, me quedo asombrado con estas "recientes" maquinarias que tanto facilitan los incómodos cambios de muebles en las viviendas. Claro, no puedo evitar recordar el modo de ejecutar las mudanzas sin estos estupendos equipamientos de hoy día.
Recuerdo como se realizaban antaño: Un poste de madera bien falcado en el balcón o en la ventana con más luz, una polea o polipasto en su punta, una buena cuerda de cáñamo y tres o cuatro señores muy pesados, muy fuertes, o como diríamos en mi tierra auténticos "baulets" que tiraran de ella. Era impresionante y por supuesto peligroso. Os contaré una anécdota que presencié de jovencito.
Estudiaba en el despacho de mi padre, cuando escuchaba una serie de fuertes y exclamaciones de varias personas que me llamaron la atención, me incitaron a asomarme al balcón para ver a que se debía aquellas exclamaciones y gritos de ánimo. En la finca colindante a la mía, cuatro "baulets" enfajados tiraban de la cuerda pasada por una polea en la punta de un poste mientras elevaban una caja fuerte de buen tamaño. Ya la tenían subida a la altura del tercer piso. El poste con su polea se encontraba en el quinto, a la misma altura que mi balcón. De repente se escuchó un inesperado crujido de madera, los cuatro fortachones saltaron de su posición como auténticos resortes, a la vez que yo apreciaba la rotura del poste que lo soportaba hasta hacía un momento todo aquel enorme peso y con los tirones de aquellos señores, auténticas máquinas humanas, comparables a los descargadores de los muelles de entonces. Con un enorme estruendo la caja fuerte calló sobre la acera, clavándose en ella algo más de un palmo. Os lo podéis imaginar.
Bueno, sigamos con los sistemas de mudanzas.
Si nos fijamos en ciertos edificios bien construidos pero antiguos, podremos apreciar que en algunos de ellos, allí en lo más alto aparecen unas vigas de hiero con una anilla en la punta, o incluso algunas aun conservan la polea necesaria para realizar las mudanzas en aquella época, son los PESCANTES DE MUDANZAS.
Cada herrero que las confeccionó puso su arte en ellas, claro, dependiendo del presupuesto del constructor, y ahora adornan nuestras ciudades, olvidadas allí en las alturas.
Como se que muchos de ustedes no se han fijado nunca o no han adivinado su utilidad, ahora os invito a conocerlas de cerca, y comprender parte de la historia de los mayores, voy a presentaros algunas de ellas. Espero que os gusten.
Fotografías de los pescantes son del autor.
Manolo Ambou Terrádez





jeje, yo tengo uno, pero eléctrico.
ResponderEliminarManolo, útiles que en el pasado, hicieron su papel.
ResponderEliminarPrecioso post, gracias Manolo
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